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05 mayo 2014

London

Yo a la dcha fotografiando St. Paul's
Mi hermana V. ha estado esta semana en Londres con sus compañeros, de viaje de fin de curso. Tenía muchas ganas de ir porque era la última de la familia en visitar ese país y esa ciudad. Todos le habíamos contado nuestras experiencias: las buenas, las estupendas, las maravillosas. Y claro, ella estaba deseando ir. 

Ahora mismo debe estar mareándose en alguna atracción de vértigo del parque de atracciones. Al parecer lo que menos le gusta es la comida (normal, los ingleses comen cada cosa...). Está indignada porque el grupo va armando escándalo por donde pasa. En casa ya le advertimos que los españoles en Inglaterra somos una feria andante. Dice que ha visto llover poco. ¿Qué le vamos a hacer? Yo vi llover durante horas en Agosto y ella ha cogido un tiempo espectacular en Mayo. También cuenta que ha gastado mucho en regalos pero que no ha practicado tanto inglés como le hubiese gustado. Me acuerdo perfectamente de esa sensación, la de gastar dinero rápidamente. Aquello era un no parar, en cada tienda tenía mil motivos para acercarme a mirar y al final, muchas veces terminaba por comprar. ¿Quién sabía cuándo podría volver?
Luego siempre volvía... 
Londres tiene lugares que te enamoran y te enganchan. Todas las veces que he estado en Inglatera he descubierto que las cosas entre y yo se pueden hacer de otra manera, y mejor (menos la comida). Es un país precioso con muchas historias para el viajero que como yo, va buscando algo especial. Siempre hay algún rincón mágico: puede ser una librería de segunda mano en Notting Hill, un puesto de especias en Covent Garden, los cisnes del Hyde Park, las ardillas que vienen a por tu comida, los policías que te saludan por la calle, los pubs del Soho, el barrio chino, los barcos que van por el río, las campanadas del Big Ben, las infinitas rutas subterráneas del metro, la gente que conoces, los callejones que pasan desapercibidos, los edificios modernos al lado de iglesias antiguas, los puestos de fruta en plena calle... 

En el punto más alto de St. Paul's    

23 agosto 2013

Mientras tanto

Sigo pululando por aquí mismo. 
Estas semanas de atrás he estado de viaje por Gran Canaria, visitando a la familia que tengo por allá. Ahora estoy de vuelta. Mañana me vienen de visita mi abuela y una de mis primas. Bueno, estoy bastante satisfecha con los desplazamientos si bien me han permitido escapar de las altas temperaturas, aunque en parte. Aún seguimos teniendo demasiada humedad para mi gusto. 

Qué decir de las vacaciones salvo que se hacen cortas. El tiempo pasa volando y cada día cuenta. No he ido mucho a la playa, pero más que los veranos anteriores (que estaba de viaje) seguro. He hecho bastantes compras; las suficientes para no querer saber más de tiendas hasta... digamos, Diciembre del próximo año. Estando en Gran Canaria encontré varias tiendas con libros de segunda mano y pude hacerme con una bonita montaña de libros. No es problema, siempre hay hueco para los libros en mi vida y en mis estanterías. El libro estrella de este verano ha sido "El jinete de Bronce", de Paullina Simons. En un par de palabras: Rusia, II Guerra Mundial, amor imposible, helados de crème brûlée, trilogía. Fueron muchas páginas, mucho amor y algunas lágrimas. ¡Te lo recomiendo! También estuve en un parque de atracciones: pisé por primera vez las pistas de la bolera y jugué en ellas, recordé lo que era ganar al futbolín, pegué un par de corchazos con una escopeta en el campo de tiro, me subí al "barco pirata" donde casi abandono este mundo de manera involuntaria y súbita, sin posibilidad de escribir carta de despedida. 

Luego, en medio del viaje, tuve una infección de orina complicada, con un dolor abdominal que me dejó K.O. y me consiguió un viajito al servicio de Urgencias y una semana de antibióticos. Ahora estoy mejor, pero todavía tengo reciente la imagen de estar retorciéndome de dolor en una silla de ruedas de Urgencias. Qué panorama, ¡jajaja! Para colmo al volver a Tenerife, me hice una herida en la planta del pie izquierdo y no puedo caminar normalmente. Estoy deseosa de saber qué me depara Septiembre, ¡por favor, no más antecedentes personales para mi historia clínica, gracias!

Descanso, calor, agua fría, móvil apagado, más descanso, noches en vela pasando calor, películas buenas y malas para ampliar mi catálogo de pelis vistas, helados, un libro tras otro en mi ebook, cañas y tapas... así es el verano que estoy disfrutando. Espero que estés donde estés, puedas decir lo mismo que yo, sin catástrofes médicas a ser posible, entre tú y yo

14 octubre 2012

Collecting Nature

Se ha convertido en una interesante afición coleccionar cosas de diversa naturaleza y procedencia. Lo de las conchas me viene de pequeña. No sé si te habrás percatado del curioso dato de que vivo en una isla volcánica, con playas de arena negra y poco más que guijarros, así que todos mis hallazgos provienen de costas fuera de donde vivo. Al igual que ocurre con las bellotas y las hojas de árboles cuyas raíces no encontrarás en suelo volcánico. Quizá más que recuerdos son acaso trofeos, arrancados de su sitio por mi mano y para mi regocijo atesorados, entre esas paredes de vidrio donde los guardo, observando impasibles el paso de mi ajetreo y del tiempo. Mi amiga S. me aseguró una vez que los botones de cuatro agujeros eran los más comunes pero yo me reservo mis dudas. Vivo en la tierra del sol, donde la gente no viste de camisa ni lleva chaqueta con frecuencia. 

10 julio 2012

La vuelta al Mundo

Hay aspectos serios y no serios en nuestra personalidad. 
O unas cosas que cambian y otras que no lo hacen. 
Hay quien es cabezota y con el tiempo se doblega (o lo adiestran), a otros nunca le gustó la música clásica. Hay quien nació soltero y vivió feliz junto a nadie comiéndose todas las perdices; y hay a quien le va el deporte de riesgo (y por eso se casa). No podemos evitar que el Mundo cambie y que nosotros también lo hagamos. Sin embargo nos reconocemos a lo largo del tiempo dentro del mismo cuerpo que nunca es el mismo, por querer creer que nuestra persona una vez forjada (durante la adolescencia, o más tarde en el caso de los hombres) se mantiene igual para siempre. No. Todo el mundo cambia. Aunque hay cosas que nunca cambian. ¿Tú lo entiendes? Yo tampoco. 

El otro día mi hermana estaba hojeando un libro: "Los 501 lugares que no puedes dejar de visitar". Yo, como toda buena estudiante de Medicina -competitiva sin límites; la reté a que me hiciera preguntas a medida que fuera pasando las páginas. Lo que empezó como una idea boba pasó a ser una idea divertidísima. Mi hermana se motivaba buscando preguntas de los 5 continentes y algún que otro océano y yo, me machacaba los sesos buscando entre la papilla el lugar donde había dejado todo mi conocimiento previo a la Medicina. Nunca hay que escatimar en culturilla. Poder seguir aprendiendo más cada día es uno de los mejores regalos que nos da la Vida. Nombres de capitales, reyes o castillos, cuál es el edificio más alto del mundo, los lagos más grandes de Estados Unidos, por dónde se extiende la Gran Muralla China, cómo es la bandera de Nueva Zelanda, por qué es famoso el Mar Muerto, el idioma oficial en Túnez... dos palabritas mágicas y a Deb se le activa el botón secreto de los sueños. Y entonces recuerdo que me encantan los viajes porque son experiencias apasionantes y que, si pudiera dar la vuelta al Mundo, no me lo pensaría dos veces. Supongo que los sueños entre tú y yo siempre nos acompañan ajenos al resto de cosas de nuestra vida, impertérritos, atemporales. Ahí están, hasta el día en que te atrevas a perseguirlos y convertirlos en tu realidad. 

Las dos palabras mágicas son ¡Buen Viaje!       

25 junio 2012

Mark, ¡déjame entrar!

Por si aún no lo habían notado hace unos cuantos días que no entro en Facebook. La razón es bastante lógica: me han bloqueado la cuenta. A quién se le ocurre hacerle eso a alguien que está de vacaciones y se pasa horas en Facebook. Bueno, al menos ha sido por un argumento lógico. Se trata de una medida de seguridad de Facebook contra la suplantación de identidad. Ejem. Según un correo que me enviaron, hay sospecha de que he suplantado identidad (de mí misma). Así que ahora me encuentro a la espera de que hagan las comprobaciones de rigor para poder volver a entrar en mi perfil. Mientras, me siguen llegando los avisos de notificaciones que tengo pendientes; los mensajes entre tú y yo que tengo sin leer; las fotos en las que me han etiquetado que no puedo ver.  No sé si son cosas mías o es verdad que las tecnologías tienen cierta tendencia a colapsar en mis cercanías. Como no me dejen entrar tendré que hacer lo impensable, muy improbable e inadmitible... volver a Tuenti (¡¡ni de co**!!). No, al final renergaré de la Tecnología y con el dinero que me iba a gastar en un iPad, me compraré dos cabras y me mudaré al barranco. 

Gracias Mark, colega. 

15 abril 2012

A penny for your thoughts

Abbey Road, London

Es lo que te dicen en inglés cuando te quieren preguntar qué estas pensando.
Me acuerdo del día que me sacaron esta fotografía. Además recuerdo que tuvimos que esperar a que no hubiera mucho público ni tráfico para poder cruzar el paso de peatones como una auténtica Beatle y a la velocidad apropiada para que no saliera la foto movida. A diario me gustaría poder capturar en una foto momentos así, risas, pensamientos; no sólo dejar que se oxiden con el tiempo y se escapen del lazo del recuerdo. Seguramente nos sorprendería decubrir que si no fuera por una prueba de su existencia, no los recordaríamos tan fácilmente. Por eso me gusta conservar una tarjeta, un botón, una sombrillita de papel, un dibujo, un anillo o unas monedas en mi particular caja de Pandora. Y destaparla sólo a veces para comprobar que aún conservan su esencia. La verdad es que cuando me sacaron esta foto lo único que pensaba era "maldición, ahí viene el bus ¡se nos va a escaparrr!" -y ya llevábamos 25 minutos esperando, jajaja. Entre tú y yo, ahora me alegro de haberme hecho la foto y de que ésta sea la prueba de que las boberías pueden acabar siendo sinónimo de felicidad.


¡Feliz domingo!

09 febrero 2012

Pendiente

Fuera porque nunca me gustaron en sí las pulseras, porque a las escritoras aficionadas como yo les molesta al escribir o porque los quehaceres de la Medicina lo hacen poco práctico, el asunto es que no estoy acostumbrada a llevar en la muñeca más que el reloj. Y eso que aprecio la joyería. Para muchas personas simbolizan algo que quieren recordar u olvidar, una promesa de amor (como la Gran Pi.), otras veces simplemente un mero adorno. Y la mayoría de las veces me parece muy vistoso. Pero en general, no soy partidaria de llevar las manos ocupadas con nada que pueda molestar o -algo muy común- quedar enganchado en la ropa o ¡las medias! ¡Horror!

Hasta que, claro, me regalaron una. 

Fue un regalo de mis hermanas cuando estuvieron en Santiago de Compostela el verano pasado. Lleva el símbolo del Peregrino, la vieira. Al principio no quería ponérmela; a lo mejor, trabarla en algún estuche o guardarla en algún joyero u olvidarla sin querer queriendo.  Pero la ver- dad es que, entre tú y yo, desde el día que me la probé ya no me la quité más. Porque al mirarla me viene a la cabeza ese lugar que me queda por descubrir. Ahí está, en mi mano. Recordándome a cada momento ese asunto pendiente que tengo: mi viaje a Santiago. Dos oportunidades he visto pasar hasta ahora. No pasará una tercera. 

Así de fácil es sucumbir, sobre todo cuando el asunto pendiente lo vale.

02 octubre 2011

Donde mi corazón vive

La mayor parte del tiempo lo hace once pisos sobre el suelo y en una superficie de casi cien metros cuadrados. Mi familia es mi hogar y yo habito el amor que nos une.

Pero en cuanto puedo, escapo; y no te miento si te digo que me paso la vida huyendo a mi lugar secreto. No tengo dudas -pertenezco a la lluvia, a la primavera y al color verde.

Quisiera creer que encajo en cualquier marco pero entre tú y yo, ¿quién quiere ser un esbozo inacabado? Por esto siempre intento volver de nuevo a donde mi corazón vive.

05 septiembre 2011

Algo más cerca; nada más lejos

¿Cómo se retoma una vida? 
¡Ah, sí! Creo que esto puede servir...
Entre tú y yo, me parece que tardaron un siglo en tratarme la no infección de orina. Bonita manera de empezar el verano. 

Mi abuela estuvo de visita en mi casa cerca de dos semanas y aunque yo no estaba por reír mucho, me resultaba extrañamente cómico que ella, cincuenta y tantos años mayor, tuviera menos molestias y tomara menos medicación que yo. 

Puse mis riñones a punto bebiendo toneladas de agua, tomando kilos de pastillas y padeciendo un dolor particularmente insoportable en la espalda (pero no en la fosa renal). Dos dolorosas semanas después me dijeron que de riñón nada, que aquello era una lumbalgia aguda. Y una sesión de masaje después me dijeron que de aguda nada, que aquello venía de atrás. Entre una cosa y la otra, estuve un mes sin poder caminar más allá de 50 metros, sin poder pensar más que en recuperarme y... de verdad que no podía dar tres pasos libres de dolor. 

Todo esto ocurrió dos días antes de irme de viaje. Y, aunque sentí un GRAN alivio al saber que mis riñones funcionaban bien, estaba preocupada por cómo disfrutaría del resto de las vacaciones y del ritmo de la evolución del dolor. Sin tiempo para cuestionarme nada más, me fui. Y así, esta escéptica de la medicina y del quiromasaje partió rumbo a la fría Inglaterra con sus anti-inflamatorios y benzodiacepinas en el bolso. 
 

Llegué a Londres un lunes a las 4 y cuarto de la tarde, sin retraso ni exceso de equipaje. Una vez allí, olvidé el reloj y dejé que me envolviera de nuevo aquel familiar aroma a especias, felicidad y lluvia. Lo que ocurrió durante las siguientes dos semanas es... casi imposible de resumir incluso en un millón de líneas, así que te dejo que eches un vistazo.


Londres es la ciudad que enmudece mi inspiración. No tengo palabras... sólo puedo decir que cada día fue especial, único e irrepetible. Ahora miro atrás y me río al recordar la historia que hay detrás de cada foto, cada momento y cada sonrisa. A todos los amigos que contribuyeron a ello, yo les doy las gracias porque fue ¡fantástico! :)

24 julio 2011

Inamigable

Amistad son lazos muy estrechos entre dos personas como tú y yo;
que se cuidan, que se completan, que se respetan.

El otro día (ayer) por la noche me regalaron un piropo nuevo: inamigable. Claro que, al ser producto de la embriaguez no le presté ni la más mínima atención pero...
Pensándolo mejor, es cierto que a veces me gusta ser un poco inamigable, esquiva, inlocalizable y concederme el beneficio de la duda para desaparecer y compartir si quiera unos momentos a solas con la vida. Antes que cualquiera, yo soy mi mejor compañera en este trayecto sin retorno ni posibilidad de cambio o devolución. Hay tantos sitios conocidos en los que me gustaría perderme.. y en cambio, tantos otros extranjeros en los que me gustaría sentirme nativa.