Mostrando entradas con la etiqueta palabras. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta palabras. Mostrar todas las entradas

24 junio 2015

Veo, veo

A este juego podemos jugar todos. 

Hay pacientes que parecen pensar que los médicos tenemos una bola de cristal para saber qué es lo que les pasa sin que ellos apenas digan nada. ¿Cómo no? Señoras y señores, para consultas cabalísticas abrimos a las 12. Vienen y te lo dicen así: "es que me duele la espalda, ¿no lo ves?". Los que empiezan así la entrevista clínica suelen seguir así cuando los exploras "ay, ay, AY, ¿ves? ya es que no puedo ni levantar los brazos... ni caminar". Seguro que si los sientas en la camilla te miran y te preguntan: "¿cómo me ves?". Y lo que te viene a la cabeza es una totalgia (vamos, que le duele por todos lados). Te debates un momento entre hacerle la radiografía de las rodillas, de zona lumbar, hombros... o ninguna. Gente que a los 70 quiere tener la movilidad que ni yo tengo a los 25 años. A ver cómo les explicas que el reloj no se detiene por nadie. 

Pero para visionarios, mis favoritos, los que están por encima del ojo clínico: los que tienen visión de rayos X. Es la típica historia del paciente esperando por fuera del box de trauma en urgencias. Ellos están doloridos en la silla y según una escala de cuantificación del dolor imaginaria, el personal que pasa por allí les dice si están mejor o peor antes de que los vea el médico, incluso antes de ver la radiografía. Hay gente que se cree con el don de saber si hay fractura o no con un simple vistazo desde el otro lado del pasillo. "Uf, usted está fatal... a ver si va a ser una hernia". Que lo haga el adjunto me lo creo a medias, que lo haga el celador, el enfermero, el de seguridad o incluso otro médico que iba de paso, me da prurito y un tic en el ojo derecho. Porque lo que consiguen es que el paciente nos solicite una resonancia magnética y ver al neurocirujano aunque sea de madrugada. "Pero no lo entiendo, ¿por qué no lo puedes llamar para que me vea?". ¿En serio?... En la guardia del fin de semana hubo una señora tan desesperada que demabulaba con su bolso por el pasillo y preguntaba a todo el que pasaba si era de neuro o si alguien había visto por allí al neurocirujano. Lo que hay que ver y sólo acabo de empezar.  

Otra variante son los pacientes que además, son personal del hospital, del propio servicio o de otros centros pero aún así, personal. Son los más repelentes. Es muy simpático porque cuando le preguntas por qué acuden te dicen directamente el diagnóstico y el tratamiento que esperan que le pongas. Al cuerno con el ojo clínico y la visión de rayos X. Al menos me dejan escribirles el informe a mí, aunque a más de uno le gustaría hacerlo por sí mismo. Privilegios de estudiar una carrera de 6 años con un año de examen antes de empezar la especialidad. En la misma guardia que te comenté antes vino una paciente cleptómana que, aburrida de verme escribir, se dedicó a recorrer el box de trauma manoseando todo: gasas, ampollas de tratamiento, el lubricante, el merocel® para taponamientos nasales... Le tuve que decir por favor que dejara las cosas donde estaban. Aún me pregunto para qué querría los depresores linguales que se llevó para su casa pensando que no me había dado cuenta. 

Ya ves... Unos porque no son capaces de ver lo que tienen y otros, ven demasiado.
¿Dónde estará el equilibrio entre tú y yo?

01 junio 2014

¡Hasta pronto!

Con el tiempo, me resulta cada vez más complicado despegarme del blog. En momentos en que he estado sin escribir entre tú y yo se me han ocurrido mil historias que luego, quedaron en nada. No quiero que, mientras preparo el MIR, me pase eso. No te asustes, esto no es una despedida. Al contrario, quiero presentarte mi nueva casa. Por supuesto, de alquiler. Está en Madrid, en un barrio tranquilo, muy cerca de la sede de mi academia. 
Aquí puedes seguir encontrándome. Para leerme o contarme lo que quieras. Nada va a cambiar, salvo mi nueva ubicación. ¿Qué esperar? Mis peripecias con el MIR y mi aventura en la ciudad. Espero que disfrutes con este pedacito de mí que dejo bajo estas palabras, en este sitio maravilloso que tanto trabajo y tiempo me ha llevado construir. Volveré. Ojalá te entre el gusanillo y quieras más. Tendrás que venir hasta mi nueva casa "Aquí, en Madrid". 
¡Hablamos pronto amigos!

13 abril 2014

Palabras difíciles

Querido maldito,
Esto es el adiós. Adiós a las cenas para dos, adiós a los domingos contigo, adiós a los besos. ¿Crees que es fácil para mí decir esto? No. ¿Acaso no luchamos los dos? ¿por qué salió todo mal? El destino no quiere que estemos juntos y ahora mismo sus trazos se borran. A dónde iré si no es contigo. Supongo que allá donde el tiempo no cuenta, al limbo que hay entre tú y yo cuando no estamos juntos, justo donde no quiero ir. Dicen que es bueno poner tierra de por medio, ¿y por qué no un mar entero? El agua salada podría borrar mis lágrimas. Tonta de mí. Te quise y todavía no sé por qué. Aunque no me convenías y tus palabras de amor estaban vacías, las pocas que decías... Ahora estoy aquí, mendigando en medio de un montón de nada un ápice de lucidez para escribirte, probablemente perdiendo el tiempo en algo que nunca leerás, al menos con el corazón. ¿Sabes qué? Si tienes que marcharte, vete. Sal de mi vida. Estoy cansada de pelear por causas perdidas y ésta hace tiempo que lo es.
Pero todavía hay dentro de mí unas gotas de amor que te regalo aquí. Porque fuiste mi camino, mi luz y mis colores. Gracias, cariño. Supiste descubrir mi verdadero ser, alguien que ni yo misma conocía. Junto a tí me sentí feliz con letras mayúsculas, ¿no lo sentiste tú también? Aunque todo esto ya no importa, verdaderamente. Ahora mismo sólo quiero alejarme de tu sombra. Recorrer el mundo anónimo otra vez, reír ¿por qué no? y no mirar más atrás, a tí, a nuestro piso vacío, a nuestros posibles. Se me acaba el café. Y ya no se me ocurre mucho más que decir. Creo que el silencio es nuestra mejor cura. Fue un placer poder compartir contigo cada segundo que vivimos. Espero que cuando leas esto te encuentres bien y que, si algún día decides pensar en mí, sea para bien.
Adiós querido maldito.

06 abril 2014

Habla con tu cuerpo

El otro día hablando con mi amigo K. surgió el tema del lenguaje corporal. Si te digo la verdad la última vez que pensé en este tema fue intentado ligar en un bar. Lo clásico, ¿se acercará él? ¿me tropezaré yo? ¿quién guiñará el ojo primero? Bastaron unas pinceladas sobre algo que él había leído para hacerme pensar en qué clase de mensajes transmito a los demás. Y a falta de vida lúdico-social, decidí llevar estos pensamientos a mi campo de experimentación: mi vida diaria, es decir, al interior de la Consulta. 
Dicho esto, también puede ser conveniente aclarar para los profanos de la medicina, que los pacientes esperan del médico que sea su amigo, su consejero, su psicólogo, su vidente, su terapeuta, su entrenador personal, su dietista, su enciclopedia parlante, su abogado, su confesor y a saber qué más. Hay que ver el poder que conlleva ponerse una bata blanca. Le hace a uno sudar. Precisamente por esta razón, muchas veces la empatía puede ser la mejor receta. Y así, el médico se convierte en todo aquello que el paciente necesita; es la cara del conocimiento, de la paciencia y de la asertividad. Creo que tengo razones de peso para querer evaluar qué clase de comportamiento tengo en la consulta. 

Normalmente los estudiantes no tenemos que escribir nada en el ordenador de la consulta, así que podemos mantener contacto visual con los pacientes en todo momento. El problema está en que a veces los pacientes no te miran hasta que el médico te habla o siendo más directo, te presenta comentando algo del tipo "hoy tenemos a una estudiante, está casi acabando". Pero si no hay tal introducción, probablemente la persona que hay al otro lado de la mesa no repara en ti hasta que se da cuenta de un hecho universal: que el médico tiene que escribir todo en el ordenador y para eso necesita los ojos, con lo cual, automáticamente deja de mirar al paciente. Entonces como buscando apoyo, confirmación o voto de confianza, los estudiantes pasamos a existir. Que soy amable, me han dicho. Que no deje de ser así, porque los pacientes agradecen que los médicos seamos sensibles. Ciertamente, hay cada elemento por ahí... Yo lo he experimentado como paciente también. A la gente le gusta que la miren, escuchen, toquen. Una mano en el hombro puede dar mucho confort. Una sonrisa, una postura tranquila, abierta y segura. Eso es lo que buscan. Y es lo que trato de darles. 

Que no siempre lo consigo, también es cierto. Hay días tan malos, que termino aguantándome la cabeza con el brazo porque de otra manera, me caería de sueño/cansancio/hambre/cólicos. Esto nos pasa a todos. Pero piensa en lo bueno que es transmitir nuestro lado más positivo: no sabes el poder que tiene. Ayudar a sentir mejor a los demás, nos hace sentir bien a nosotros también. No requiere un gran esfuerzo. Seguro que ahora que lees esto, estas preguntándote qué tipo de mensajes envías. Revisa cómo hablas entre tú y yo cuando no hablas con palabras. Mientras tanto...

21 junio 2013

... . .- .-.. . ...

Estoy por jurar, que el 99'9% de nuestros problemas con otras personas se basa en malinterpretaciones de señales, externas u omitidas.
Constantemente me sobrevienen situaciones en las que tengo que lidiar con el conocido "¿tú qué crees?" o "¿qué te parece?". Ser directo es una habilidad de pocos. Guardar las apariencias está ampliamente aceptado como método para prolongar amistades, relaciones y/o demás interacciones entre simples mortales (humanos, perros). El problema es que a nadie le gusta que jueguen con sus sentimientos y por dentro, en realidad todos pensamos "oye, si tienes algún problema conmigo, prefiero que me lo digas a la cara". No nos gusta tener que adivinar y cazar indirectas es un deporte aburrido. Digamos -por decir, que de todos los casos posibles, la mitad prefiere archivar, olvidar y seguir; la otra mitad no tiene esta capacidad y se enfrentará a la situación o de lo contrario, moriría de angustia antes de tener que seguir tragando guardando. Quién te parece que resolverá antes su conflicto. No está claro. Lo mejor es ser pragmáticos y actuar acorde a las señales.

Pero maldit... Nadie lleva escrito en la frente cómo se siente y confiamos en lo que creemos que sabemos e intuimos sobre esa persona para dirigir nuestra táctica. Entre parejas, las señales se convierten en un lenguaje secreto. Te dicen qué, te dicen cómo, te dicen cuándo. Te dicen tanto. Y es muy bonito pensar que cuanto más conoces a una persona, más fácilmente llegas a aprender su idioma. La catástrofe empieza cuando la A (de amor) que dices, se convierte en la B (de berenjena) que él entiende. 

Por esto mismo, me jacto de ser pro-directa y libro abierto. En ambos sentidos leo en los demás y me gusta que los demás vean en mí, lo que cada situación me hace sentir. Así he acabado siendo un torbellino de emociones, las tuyas y las mías, juntas recorriendo las vías sensoriales que me arrastran a la locura. Si tienes que decir algo, sólo dilo; pero no dejes que las señales te engañen si aún necesitas libro de instrucciones para saber cómo funciono.    

TÍTULO DEL POST: "Señales" escrito en código Morse. 
Encuentra abreviaturas, signos, traductor y más aquí. 

01 enero 2013

Mi prolegómeno

Parece que siempre digo lo mismo. Pero de nuevo, no voy a perder ni un minuto más hablando de este enriscado 2012 que ya nos abandona y que no me ha dejado más que obstáculos y problem... Bueno -siendo justa, no todo lo que me llevaré de recuerdo suyo ha sido malo. Es por el placer de quejarme. De hecho, si hubiera que hacer un balance, sería en positivo. Para mí, el 2012 acaba igual que empezara hace 365 días...
 

Igual que todo 31 de Diciembre desde hace 5 años, en el que me paso la mañana sin apartar la nariz de mis apuntes correspondientes; de Patología Digestiva el año pasado y Patología Digestiva Pediátrica éste. Luego, a mediodía un salto fugaz al centro comercial para supraabastecimiento alimentario (:D) y regocijo de los últimos antojos antes de partir el año. Por la noche me gusta pasarlo en familia, con una pereza que me agarra de los tobillos cada vez que pretendo acercarme a la puerta para salir. Será que por pasar tantos días estudiando, me gusta aprovechar estos escasos momentos de abrazo familiar aunque ello implique pasar la noche derrochando tiempo con bengalas, brindis en plural, o interminables llamadas telefónicas.  

Sin duda estas fiestas me he percatado de que la mejor aportación culinaria que ha tenido el 2012 y en especial, Santiago de Compostela, ha sido la introducción a mi paladar del aprecio por una copa de vino o unas buenas cervezas. ¡Chín-chín! También ha sido un año de grandes ideas -brillantes, y planes que, con las mismas que se planificaron, se llevaron a cabo con éxito. Pude presumir de aprobados en Junio, de maletas en verano y de amigos reunidos por mi cumpleaños. Si tengo que quedarme con algo, será con la certeza de que el 2012 vino para hacerme creer otra vez, en todos los sentidos de la palabra. En uno de esos sentidos me encontré con el Amor, y con un empujón vi cómo convirtió a un amigo en mi pareja. Aunque no todo ha sido bueno, también vino para quitarme mucho y no hay día que pase sin que recuerde lo que se quedó por el camino, como las personas cuyos caminos les llevan lejos de mi lado o las palabras de perdón que tantas veces no pronuncié. La estrella de la fortuna no me ha reportado ni una mísera suma de dinero aunque eso no quita que ahora mismo me sienta una de las personas más ricas. Disfrutar de las artes como la música, el cine y el cine musical o los musicales de cine, han hecho del año algo para recordar. Si no has visto "La Bella y la Bestia" en directo, te recomiendo que busques la ilusión que guardas dentro y dejes que su llama vuelva a brillar. Es pura magia.  


Mucho queda por mencionar, pero no quería centrarme en el capítulo que acabamos de cerrar sino en lo que el 2013 nos presenta. Qué trae entonces, este Año Nuevo para mí. Pues en cientos de palabras: cientos de promesas. De amistad, de amor, de exámenes aprobados, de viajes, de proyectos, de fiestas, de cine, de excursiones, de palabras y más palabras entre tú y yode reencuentros, de risas, de regalos, de fotos antiguas y nuevos recuerdos... Nunca había estado una Nochevieja tan cargada de ellas. Buen feeling y mi ilusión puesta en cumplir mis expectativas. Lo demás que quiera llegar por sorpresa, será valor añadido para un año que por ahora, pinta bien. Sé que "no le puedes decir al sol, más sol; ni a la lluvia, menos lluvia" pero con la fuerza que hay en mí, sea ésta poca o mucha, encontraré la manera de hallar el equilibrio y seguir guiando mis pasos por el buen camino -que no es otro que el mío propio, ya sea a velocidad crucero, a marchas forzadas o de puntillas.  

A todos, mis mejores deseos para 2013
  ¡¡Feliz Año Nuevo!!

10 diciembre 2012

Ayer y no hoy

Hoy, hablando del colegio, y por razones tangentes a este post, me acordé de cuando era niña, antes de que llegaran mis hermanas. Recordé así de pronto, el poster de La Sirenita que había colgado en mi cuarto, de mi uniforme marrón y mis peluches. Nunca le llegué a coger el truco a los patines; tenía unos de esos con cuatro rueditas. Me los ponía para practicar pero a mi madre no le gustaba que patinara en casa y a mi me daba vergüenza caerme en público. Mis tardes favoritas eran las que pasaba en la calle, sobre todo en las tiendas. Lo mejor era ir a esas donde vendían telas de carnaval y recoger las lentejuelas caídas del suelo. Mis primeras palabras en inglés fueron cat, dog, Sue y Peter. Cuando me enseñaron alguna más, empecé a hacer representaciones de diálogos en inglés. Yo siempre pedía hacer el papel de la bruja porque creía que era el personaje más molón de todo el Classbook. Mi princesa era, y siempre será, Cenicienta (con el doblaje original). Recuerdo que quería ser abogada porque en casa veía películas de policías y me parecía que los abogados hablaban y vestían muy bien. Además de que siempre tenían razón. Mi peluche preferido era el pato Donald. Me gustaban los privilegios de hija única, como que mis abuelas me dieran dinero para comprar cromos de la Barbie. Tenía un camisón de pijama como la Wendy de Peter Pan. Tuve tres amigos imaginarios hasta que mis padres me dijeron que iba a tener una hermana. Aún me acuerdo de sus nombres. Como no me gustaban las uvas, en Nochevieja partía el año con conguitos de chocolate. Cuando salía de paseo solía coger flores para hacer un ramillete. Luego las llevaba a casa y las ponía en un vaso con agua esperando que sobrevivieran. Ninguna lo hizo pero yo no dejé de coger flores. Tenía un monito pequeño de peluche que estaba cosido a un sillón de gomaespuma. Un día mi padre arrancó al mono, lo metió en un tupper con agua y lo puso en el congelador. Cuando lo fui a buscar estaba hecho un cubito de hielo. Me gustaba la cámara de fotos que teníamos, de esas que imprimían la foto al momento. Me parecían divertidas. Otras veces, proyectábamos las fotos que tenía mi padre en carretes de diapositivas de los viajes que había hecho con mi madre cuando eran jóvenes. Esas fotos las hacía con la otra cámara, la grande, que tenía un trípode; eso ya era de profesionales. Si hubo una primera palabra entre el Mundo y yo fue "papá". Porque de alguna manera sabía que él iba a ser la persona que siempre me diera la razón. Mi madre iba a darme más guerra. Pero invariablemente, ellos son las personas que primero me llevaron de la mano.

08 octubre 2012

Descifrando las profundidades de tu silencio

Con mi amigo Astérix, Pza María Pita - A Coruña


Créeme, a veces el silencio apetece.
Otras es necesario; muchas, sólo estorba.
¿Por qué si no tenemos boca? 

Ni señales de humo ni código morse; 
sólo un esfuerzo y llegan las palabras.
¿Por qué si no aprendemos a usarlas?

Unas letras de nada en un grupo de palabras, 
y estas a su vez en estrofas adornadas.
¿Por qué si no íbamos a estructurarlas?

Porque el silencio ni se pinta ni se comenta.
Pero si se ha de pintar que sea con colores; 
y si se ha de contar que sea entre tú y yo.


03 julio 2012

Momentos sagrados

Soy la primera que disfruta de la compañía, de la charla y del nosotros. Pero francamente, mi vida de estudiante de Medicina sin pausa ni freno me ha enseñado que hay momentos que son sagrados. Uno de ellos es la comida; sin discriminar desayuno, almuerzo o cena. El tiempo para comer es algo intocable para mí y sin duda, no se apreciaría igual si no se come en silencio. A menudo mis padres invitan a comer a la trifulca y terminan debatiendo durante el almuerzo cuestiones varias que más de una vez acaban con más de un decibelio de la cuenta. Temas de trabajo, universidad, papeles varios, multas, vecinos... Yo me limito a escuchar y tragar con agua mis opiniones. Mi tiempo de descanso para comer a menudo es tan escaso, que poco bien me puede hacer malgastarlo discutiendo por asuntos que, frecuentemente me la sudan me afectan sólo de lejos. No han sido únicas las veces que me he visto obligada a comer de pie, a tomarme un café caminando o mordisquear un bocadillo en plena clase. Está claro que no se valora lo que se tiene hasta que se pierde (o se reduce considerablemente). Prueba una morbosa rutina diaria de 5 horas de pácticas, 3 horas de clase y otras tantas de biblioteca seguidas para que me entiendas... Verás cómo, la próxima vez que tengas un momento para sentarte a comer, no habrá nada imprescindible que decir entre tú y yo.
Pret A Manger, Trafalgar Sq, London

¿Adoptas a tus amig@s?

Un amigo me dijo que no podía evitar hacerlo con aquellos que más le importaban. Obviamente, no tengo problema en entender esa actitud, pero me rechinan los dientes al ver su resistencia a creer que eso no es lo más acertado. No exenta de complicaciones me he visto obligada a aprender a la fuerza, que no podemos apadrinar a nuestros amigos ni evitarles los errores.
Adopté completamente a mi mejor amiga hasta el punto de hacer las cosas por ella. 
Y ese fue mi mayor error; convertir mi rol de hermana mayor en mi actitud ante la vida y ante mi mejor amiga. No puedes vivir dos vidas, la tuya y la de tus amigos. Ni comenter el doble de errores, los tuyos y los suyos. Evitar el golpe de los demás, por mucho que los queramos, no es saludable para ellos. Porque al mismo tiempo que les evitas la caída, les privas de aquello que debían aprender mientras lo hacían. Sólo puedes estar a su lado; escuchar, no como un padre sino como un amigo, que es todo lo que ellos necesitan que seas. Puedes ayudar, pero no por tomar parte activa en el proceso de solucionarle los fregados vas a resolverle nada. Lo más probable es que termines tan liado por el asunto como tu amig@. En las contadas ocasiones en las que al intervenir resultes útil y consigas una victoria para ellos, serás el protagonista de su agradecimiento y quizá, su reconocimiento por un tiempo. Pero, sólo le habrás enseñado a darte las gracias. Y el mérito que debían saborear ellos al madurar, te lo llevas tú.
Mi amiga se acostumbró a cuestionarlo todo y a consultar(me)lo todo. Hubo muchas cosas que quise hacer por ella, porque la quería. Y las hice. La nuestra fue una amistad de desiguales. Ella me veía demasiado arriba y yo sólo era capaz de sentirme satisfecha por ser importante para ella. El día que todo termino entre ella y yo, se lo llevó todo. Mis triunfos, mis consejos y todo lo bueno que le había dado, dejándome ante la soledad que acompaña a las dudas. Sólo al caer de nuevo en el mundo de los mortales vi el error que había cometido.

01 mayo 2012

Supéralo, no soy racista


Me conocen por ahí como una persona que no presta atención a los comentarios de la gente, ni a las críticas, en lo más mínimo. Es agradable que hablen (bien) de uno pero entiendo que es imposible estar en las mentes de todos para controlar lo que piensan de nosotros así como es imposible caer en gracia a todos. A pesar de ello, tengo cierta debilidad por las injusticias pero eso es otra historia...

Y la que me trae hoy aquí es la de cómo mi profesora de filosofía del instituto detectó que yo era racista. Mm, no recuerdo qué dije ni cómo lo dije pero la cuestión es que por usar la palabra "raza" pasó a señalarme como racista. Guau. "No son razas, sino etnias" -me dijo ella. Sí, me chocó bastante que me dijeran eso con 16 años y, sin saber muy bien por qué, tuve que disculparme por la educación que recibí y que me había enseñado a usar esa palabra. 

Empecé a pensar en si cabía dicha posibilidad. "Somos todos iguales" -me dijo una compañera que me pilló desprevenida luego, en el pasillo. Yo con mi gran ojo clínico argumenté "nah, somos diferentes". El debate ese y muchos otros días siguió con una argumentación aplastante por ambas partes del tipo "que no, que somos iguales" "que no, que somos diferentes". Al final yo ya no sabía ni qué decir así que opté por callarme, borrar el registro raza de mi cabeza y pasar a ser más diplomáticamente correcta y menos racista.  

Entre tú y yo, mi profesora estaba media pallá, todo hay que decirlo. 

Con el tic tac del tiempo, algunos paseos por el mundo y esto de ser proyecto de médico pues vas conociendo gente, de todas partes, de todos los colores y mira tú si me importan a mí esas cosas... pff, ¡para nada! Pero tanto correr y ya ves, aún hoy me pregunto -no sin algo de temor, si no habría una parte de verdad en aquella afirmación. Todos mis apuntes tienen datos demográficos por razas y tipos de piel por color. No es culpa mía, la ciencia está hecha así; identifica, clasifica y valora los rasgos objetivos que nos diferencian como individuos y es esta información la que usamos a diario para comparar unos grupos con otros. No es racismo, es pragmatismo. Y es lo único que me llevó aquel día y todos los demás días a decir que somos diferentes (menos los gemelos univitelinos, que son clavaditos). 

La semana pasada tuve prácticas de Medicina Legal en el Instituto de Toxicología, que en castellano viene a ser donde se llevan a cabo las autopsias por muerte no natural (accidente, homicidio o suicidio). Resultó que uno de los casos era una persona de otra etnia. Cuando el forense lo vio dijo "vaya, nadie me había avisado de que era de esta etnia". Una compañera me dijo "¿acaso importa?". Adivina lo que me vino a la cabeza y qué respondí...


"Supongo que al forense le importa un pepino de qué etnia sea, pero estamos hablando de una información que identifica un cuerpo y supongo que obviamente será importante, igual que se pone en los informes que hay un cuerpo de un inglés o que tiene los ojos azules..."

¿Soy racista por esto? 
Pff, yo ya no sé... dímelo tú. 

06 marzo 2012

¡Con un par de huevos!

Estos días he estado de antojo. 
Como si estuviera embarazada (que no) y sólo quisiera helado (que tampoco).  
Tú sabes a lo que me refiero. El cuerpo te pide algo desesperadamente. A veces te tiene en vilo un tiempo hasta que identificas el objeto del deseo. ¡Incluso llegas a angustiarte! Das una vuelta y buscas inconscientemente aquello que deseas echarte a la boca (en sentido digestivo,  no me malinterpretes).

En mi caso, por fin hoy descubrí qué era... Sí, he descubierto que soy una amante de la cebolla frita. Pero mejor que esto quede entre tú y yo, porque ni con toda la lírica del mundo podría explicar lo mucho que me gusta algo que se sirve bien caliente y con un par de huevos ;)

¡Que aproveche! 

15 enero 2012

Somos lo que somos y tenemos lo que tenemos

Excusa fea donde las haya
Justificación incompleta pero aceptable de nuestras limitaciones
Muy útil y recurrida a falta de querer dar una explicación mayor
Simplificación de disculpa para nuestras rarezas
La primera vez que me dijeron estas palabras me sonó a excusa fea donde las haya. Es más, la persona con la que hablaba era un profesor que iba justo de tiempo y de empatía. Nosotros exígiamos una explicación y una solución a un problema. Él se limitó a dejar caer esta sencilla justificación incompleta pero aceptable de nuestras limitaciones en la Universidad sin preocuparse de las reacciones que podría generar. Poco le importaban las respuestas de sus interlocutores, entre ellos, yo. Cuanto pudiéramos decir era en vano pues, para cuando nos dimos cuenta, él ya se marchaba. Me pareció un poco... no te voy a engañar, me pareció una canallada. Pero por lo general cualquier cosa que no me beneficie, me lo parece. Sobre todo cuando llevo razón -cosa que no ocurre con tanta frecuencia como me gusta pensar-.

Lamentablemente no siempre sigo mis propios principios y me traiciono creyendo que no doy a los demás lo que no me gusta recibir de ellos cuando la realidad es que aquellas palabras que en su momento rechacé me han servido como una excusa muy útil y recurrida a falta de querer dar una explicación mayor en varias ocasiones ya. Principalmente siguiendo a los por qués de mi vida. Ésos tan vitales en los que toca explicar a los demás cómo somos o por qué actúamos de tal o cual manera. Y eso que me gusta explicarme y dejar conocer al mundo cómo soy pero sinceramente, hay veces en las que la ilógica supera mi razón y tratar de definirme es como querer descomponerme en piezas que por separado no encajan. Por esto, muchas veces recurro a esas palabras canallas que uso como simplificación de disculpa por mis rarezas

No me siento orgullosa por ello ni por parafrasear al profesor C. que ha sido origen de tantos quebraderos de cabeza en mis días presentes y pasados pero, entre tú y yo, somos lo que somos y tenemos lo que tenemos

18 diciembre 2011