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09 diciembre 2019

Melania


(Carita verde)
- Gracias por su valoración, señor.
(Carita roja)
- Qué quieres, yo estaba antes que esa otra mujer y encima no me has conseguido lo que venía buscando. Me llevo esto por llevarme algo.
- Disculpe las molestias, señora.
Melania trabaja, otro año más, en la campaña navideña de unos reconocidos grandes almacenes. Se pasa el día atendiendo a personas que, al pagar en caja, evalúan la calidad de su atención. Es decir, la evalúan a ella. "Es anónimo", le dijeron. Ya. Como si ella no viera desde su posición, al otro lado del mostrador, el color de la carita que marcan sus clientes. 
(Carita verde)
Por mucho que se esfuerce parece que nadie lo ve. Y eso que a veces debe atender requerimientos épicos como el del otro día: sacó a una clienta que se había quedado encerrada accidentalmente en el baño con ayuda de unas tijeras. A otro le había conseguido el último par de guantes de color lila que quedaba en todo el departamento. Ese sí le había puesto carita feliz. 
(Carita naranja
Hoy habían venido 4 buscando ponchos. ¡Ponchos! Una señora buscaba un abanico para una boda el próximo verano. ¿Para el verano? ¿En serio? Le han pedido algún sombrero, boinas, alguna estola y ¡bufandas! eso era lo que más vendía. Nadie era testigo de cómo cada día luchaba heroicamente contra su rinitis alérgica removiendo tejidos de aquí para allá. ¡¡Achús!!
(Carita verde)
Aún así, no le importaba trabajar en ese departamento. Mejor ahí que en la sección de Navidad cargando árboles o en la de juguetes, por supuesto, eso es la guerra. Además, gracias a esta ubicación ya había elegido su regalo estrella para Alba, su pareja, que es enfermera de Pediatría. Con lo divina que es, había decidido que este año le caería un pañuelo de seda. De los que le gustan. Lo había comprado en su propio departamento el día que llegó del almacén: lo envolvió con delicadeza en papel crepé naranja, que era su color favorito, y lo metió en una caja dorada extremadamente fabulosa, que ahora estaba debajo de su árbol de Navidad. Ese era el regalo que tenía preparado para el gran bombazo: resulta que después de 3 años juntas, estaba decidida a proponerle a Alba que fueran mamás. Con lo que le gustan los niños. Y si le decía que sí serían sus mejores Navidades. No sabía qué había que hacer ni cómo era el procedimiento pero todo en ella le decía que era el momento. Si le decía que sí sería increíble. Sería mejor que una de esas caritas verdes.

06 diciembre 2019

Linda Dara

Tan ordenada. Tan meticulosa. Tan "Linda". 
Todavía no se explica cómo pudo pasar. La semana anterior había perdido su posesión más valiosa: un anillo de oro con un delfín. Una horterada antigua, pero valiosa. No sabía cómo, se lo quitó momentáneamente para lavarse las manos en el baño y ahí se le quedó. En su trabajo, como administrativa en el mostrador del Centro de Salud, está constantemente dando la mano a la gente y tocando "cosas". Encima esa semana había ido a un taller de lavado higiénico de manos. Y mira. Va y se le olvida el anillo. 

Por supuesto, cuando se percató de que no lo llevaba en la mano corrió al baño a buscarlo. Por supuesto, no estaba.

Buscó hasta debajo de las piedras. Preguntó a toda persona, mujer, que pudiera haber pasado por ese baño. En teoría era sólo para uso del personal, eso reducía las posibilidades. Las limpiadoras del centro no lo habían visto. Fracaso. Esa semana sólo colocaron en la caja de objetos perdidos un sonajero encontrado en el área de Pediatría y una bufanda gris claro. Ni rastro del anillo. ¿Y si ponía un cartel en el office? Lo de las recompensas suele funcionar. Además, por alguna extraña razón, tenía la clara intuición de que lo iba a encontrar, de que lo tenía más cerca de lo que sabía. Por si sí o por si no, ella rastreaba con los ojos entrecerrados a toda fémina que se acercaba por ese baño.

A estas alturas, una semana más tarde, ya veía delfines por todas partes. Hasta había visto en la teletienda un modelo similar, más lujoso, con un delfín que saltaba sobre una pequeña amatista. Pero su anillo era su historia. O, al menos, la de su madre. Porque eso fue todo cuanto su mamá se trajo de Cuba cuando se marchó. Vino con un billete de ida, un anillo envejecido, con una hija y sin marido. Eso había sido su madre: un delfín que cruzó el charco y acabó al otro lado del océano. Tenía que encontrar ese anillo como sea. 

***

Lo que no recuerda Linda es que el anillo lo había guardado en el bolsillo izquierdo de su rebeca azul, la del Servicio Canario de Salud que se pone en el trabajo los días de frío. Allí la tiene colgada en la percha de su taquilla. Al final de esta semana, seguramente, se la llevará a casa para lavarla como siempre. Espero que ese anillo haga mucho ruido en su lavadora. 😉

Salvador

Antes de acabar el año, y para llevar la contraria al mundo, Salva acababa de apuntarse en un curso de yoga para principiantes muy cerca de su casa. 
Básicamente porque temía que, si esperaba al Año Nuevo, el yoga fuera otro de esos objetivos vacíos en listas llenas de propósitos que al final quedan en nada. Su mayor preocupación era que alguien lo reconociera o que coincidiera en su clase con algún vecino que tuviera la lengua demasiado ligera. Total, el yoga era para mujeres. Y él de mujeres no quería saber nada. Bastante tuvo con el divorcio en 2015. "Un acuerdo redondo", lo calificó su abogado. Y eso que no pudo quedarse ni con el perro. Sus amigos, los pocos que se quedaron a su lado, sintieron lástima y envidia hacia él a la vez: "te ha desgraciado", "vas a ver que de esta se sale", "soltero otra vez, va a ser la mejor época de tu vida", "si yo fuera tú...". Por supuesto él se encargó de celebrarlo, cuando todo estuvo firmado, sin armar mucho escándalo: emborrachándose dignamente un par de veces (por semana) sin acabar vomitando ni detenido. Después, vino aquella época en que lo único que quería era estar en el sillón. Tirado, como un vagabundo, con el mismo pijama, con barba y olor a humanidad, comiendo lo que su santa Madre le llevaba cada semana. 

Ahora había decidido que todo eso pertenecía al pasado. Al igual que esa blusa que su mujer se había dejado olvidada en el fondo del armario. Ex-mujer. Este año que se iba agotando cerraba, por fin, el capítulo de Laura partes 1 y 2 (y 3, y 4). Cuatro años de post-guerra. Pero había sacado la bandera blanca y la estaba ondeando en lo alto.

No sé si fue que el frío le envió más sangre al cerebro o que se acercaba la Navidad lo que le llevó a dar el paso. Lo que importa es que hoy se siente satisfecho con su decisión de haberse apuntado a esta clase de yoga de los martes y sábados. Por qué no. Vio el anuncio en el tablón de corcho que hay en la entrada de su edificio, al lado de la lista de morosos, y algo captó su atención. Por probar algo diferente. "Equilibra tu cuerpo y tu mente, hazlos más fuertes y más flexibles en Yoga. Confía en ti mismo y además ten más diversión en tu vida". Allá vamos. 

Era sábado, su primera clase. Llegó puntual, cruzó la puerta grande al mismo tiempo que un grupillo numeroso. Se descalzó y colocó los zapatos en la estantería blanca que hay a la derecha. Cogió una de las colchonetas negras y buscó algunos metros de suelo libres donde poder extenderla. Varias personas que se marchaban estaban aún despidiéndose de John, el monitor. Él permaneció en el sitio, imitó al resto de la clase y se sentó con las piernas cruzadas, una encima de la otra, expectante. Miró al frente y allí estaba: la presidenta de su comunidad de vecinos, Ana. La divorciada, guapa y graciosa, Ana. La que todo el edificio había elegido por mayoría absoluta como presidenta porque era la más inteligente y encima médico, Ana. Él no valía ni una caja de chicles al lado de ella. Mierda, le había reconocido.
Claro, cómo no, si viven en el mismo edificio. La verdad es que él también la había elegido. Porque, de todo el bloque, era la única que sonreía cada vez que se la cruzaba. Y eso le gustaba, le daba tranquilidad. Ella le estaba sonriendo también, desde su colchoneta, como señal de reconocimiento. 
Bueno, parece que esto del yoga puede resultar interesante...

01 diciembre 2019

Hay una estrella╰☆╮

De tantos años escribiendo, tengo muy poco acerca de la Navidad... Anteriormente porque la pasaba estudiando. Luego, de residente, trabajando y ahora, disfrutando.
Lo importante es que ya estamos en el mes de lo bueno: buenos recuerdos, buenos jamones, buenos regalos. Este mes es la guinda del pastel. Tanto si lo hemos hecho bien, mal o regular, como si no lo hicimos. La moraleja es que al final vuelves a tener una nueva oportunidad para... ¡lo que quieras!.

Es una época muy especial en la que nos podemos envolver con papel de regalo y abrazos durante tooodo el día, todos los días, sin dar más explicación. ¡Es Navidad! 

La gente alrededor tiene esa sonrisita floja y, a la mínima, se oyen risas. Nos permitimos sobrepasar los límites del ridículo con esas diademas de reno, los gorros con lentejuelas o colgando por la ventana algún discreto muñeco con luces que se ven a 10 Km de distancia. Te reencuentras con amigos y familia que hacía tiempo que no veías esperando más de uno que a tal fulano se le haya olvidado que le debes dinero de la última vez. Hay muchas más reuniones: cambiamos el café por el chocolate caliente o los zapatos de trabajo por los tacones de fiesta. Y sienta de maravilla. Así que olvídate del coche y aparca las malas vibraciones. 
Siente el viruje (frío polar), busca buena compañía y sal a la calle: está llena de luces. Para todos hay algo de luz entre tú y yo, aun entre las sombrasYo, al menos, sí creo que hay una estrella con mi nombre escrito por ahí. 
PD: Sin duda esto es lo más positivo que he escrito nunca pero, ¡es Navidad! 

28 octubre 2019

De vivos y muertos

Algunos no se olvidan de acudir al cementerio estos días.
Temo las fechas en las que empieza a soplar el viento arrasando a su paso con las últimas notas del verano. Las tardes ya no son tan largas y todos desean volver pronto a sus casas. Es tiempo también de aniversarios y, pronto, de acudir al cementerio. En el Día de Todos los Santos. Oh, sí. Muchos pacientes lo siguen haciendo. Más allá de sus creencias. Más allá del tiempo. El duelo no acaba nunca: parece que siempre hay algo más que pudimos decir, algún conflicto sin resolver, un adiós no dado...

También es el calendario el responsable de esta nube de desánimo que se posa entre tú y yo. Al volver temprano a casa hacemos un viaje mucho más interno: abrazamos las ausencias y la oscuridad de las noches. Es inevitable que, a medida que se acerca el final del año, cada uno vaya poniendo en la balanza las sensaciones de estos meses atrás. ¿Hemos cumplido objetivos? ¿Nos ha ido bien? ¿Estamos donde queremos? ¿Nuestra pareja nos quiere? A algunos tanto insight les ayuda a cerrar otro capítulo. A otros, sólo les sirve para no pegar ojo. 

Y así los años pasan. Total, sólo son un puñado de semanas desarregladas que no saben ni cómo encajar. Si no, no habría años bisiestos. Lo mejor es recordar: que no estamos solos, que los que fueron nunca dejan de ser, que el amor empieza desde dentro y que no solo se recibe sino que se reparte.

Esta semana, si vas al cementerio, recuerda que el vivo eres tú

25 octubre 2019

No sé si contártelo

Las consultas de Medicina Familiar muy a menudo hacen de confesionario.
Nos han enseñado que hay que tener un poco de cabeza para controlar qué decir, a quién y en qué momento. Pero en Medicina basta muy poco para saltarse todas esas barreras. Algunos pacientes llegan como una exhalación, directos a contártelo TODO. Eso en canario es lo que se dice "entullo", too much, vamos, demasiado... A otros, en cambio, les costará algunas idas y venidas poder mostrar su auténtico lado, así como de refilón, apenitas. Pero lo que la gran mayoría tiene en común es que, si los dejas, están desando contártelo todo. Para una médico joven, novel, que trabaja de sustituta es un poco más difícil de abordar yo creo. Aunque eso se entrena con la práctica clínica diaria, tengo claro que también hay que traer algo de serie. 

Para mí, la consulta en la que trabajo es mi terreno neutral: sin prejuicios ni tabús, es el tiempo muerto en la cancha, la habitación sin ventanas, es mi pequeña Suiza (con chocolate incluido). Donde se puede compartir todo (incluido el chocolate). Por eso yo también disfruto cada día de ese lugar en el que puedo expresarme libremente, sin tabús, cuando el paciente está preparado para escucharme. A la mayoría sé que les sirve lo que les aporto. Aunque no pueda quitarles el dolor o el miedo, se marchan comprendidos y agradecidos. Y este entorno de confianza hace que la relación entre tú y yo funcione.

A la porra los 6 minutos por paciente...

08 junio 2019

Improrrogable

De siempre he querido un sillón. 
Porque pensaba que un sillón es un cómodo elemento decorativo para un salón o habitación con poderes mágicos para atrapar la inspiración. Ideas de escritora novata. La cuestión es que ese pensamiento poderoso hace que se geste una idea o intención. Si creemos que un sillón sirve para conseguir resultados, en este caso: páginas escritas, por qué no plantearnos adquirir uno. Muy sencillo. O no. 

El diván... no es lo mismo. Eso es para el loquero y entre tú y yo se trata de escribir. He ojeado y hojeado catálogos y webs de sillones durante años pero nunca ha llegado al producto de esa búsqueda. Primero por falta de dinero (en mi época de estudiante). Luego, por falta de espacio (en el piso). Y a mi alrededor otros se me han adelantado en la primicia estrenando sillones para otros menesteres como la lactancia o masajear al gato. 

Con el tiempo uno se hace un máquina en esto de la moratoria. Primero empezamos por postponer los pequeños antojos y los caprichos porque no son necesarios; luego uno aplaza los grandes sueños con un alto interés sin saberlo, y así hace con las vacaciones, el coche o hasta la casa terminando por postergar hasta la Vida. ¿Sabes lo que te digo? Que estoy mirando de nuevo anuncios de sillones y probando más de uno porque sigo queriendo ese sillón para escribir. Tanto si sirve para obtener algún parrafillo bueno como si no. 

Qué te parece si hoy me haces caso y dejas de aplazar... Porque ser feliz es improrrogable. 

31 mayo 2019

Conmigo en Londres: 5 lugares poco conocidos

En otra vida podría haberme ganado el pan siendo guía turística. Si hay algo que se me da bien es orientarme con los mapas y, con diferencia, la ciudad que mejor conozco es Londres. 
Es que las calles de Londres las llevo grabadas en mi cabeza, siempre. Una vocecilla suena dentro de mí diciendo "Mind the gap" todo el tiempo. Cada vez que llueve para mí no huele a lluvia, sino que huele a Londres. Me ha parecido interesante, ahora que es verano y la gente empieza a viajar, compartir entre tú y yo 5 lugares poco conocidos de Londres. Y por qué 5 lugares: porque he estado ya 5 veces. Y nunca defrauda y nunca deja de sorprenderme ni de enamorarme.

1) One New Change. Puede que ya no sea tan novedoso pero me sigue sabiendo mal que los turistas paguen la carísima entrada a St. Paul's Cathedral para disfrutar las vistas de la City. Esa visita también está bien pero lleva más tiempo y no permite apreciar la belleza del propio edificio. Si lo que deseas es hacer fotos del skyline sin perder varias horas en ello te viene mucho mejor dar con el One New Change. Se trata de un pequeño centro comercial, bien camuflado frente a la catedral, con algunos restaurantes y cafeterías (incluido un Mark&Spencer bien surtido), tiendas de moda y estupendos baños de libre acceso. Tiene una terraza abierta en el piso superior disponible desde las 6 am hasta la medianoche todos los días. Lo mejor: es gratis. Hasta donde yo sé, sólo se accede a través de un ascensor de cristal que tiene una panorámica preciosa de la catedral.



2) Tate Modern Blavatnik Building Viewing Level. La impactante galería de arte moderno Tate Modern ha estrenado recientemente una nueva terraza en el piso 10 de su edificio anexo desde donde puedes obtener una visión 360º de una buena parte de la City. También es gratis. Se accede por la fachada trasera de la galería, cuenta con varios ascensores (ojo, no todos suben al último piso) y escaleras por si te animas. También tiene su correspondiente cafetería, restaurante y tienda de recuerdos.




3) y 4) Queen's House y National Maritime Museum en Greenwich. No lo sabía pero este precioso edificio blanco y con columnas en el corazón del Parque de Greenwich se construyó originalmente como casa para el uso de varias reinas en 1616 y alberga en su interior el Museo Nacional Marítimo. Ambos edificios pueden visitarse de manera gratuita. Para mí son el mejor plan para el domingo. Queen's House es pequeña, se visita en menos de 1 hora y tiene un laberinto de salas que te hacen viajar en el tiempo y desde cuyas ventanas se puede admirar el parque. El Museo Marítimo por su parte no tiene nada que envidiar a otros museos más populares de la ciudad, sus colecciones de detalles marineros y objetos náuticos son casi infinitas y su mayor tesoro son las pertenencias de Lord Nelson en la última planta de arriba.




5) Canary Wharf. A mí me hace especial gracia porque soy de Canarias y, sin tener nada que ver con el origen del nombre, es mi sitio favorito de toda la ciudad. Se trata de un pequeño distrito al este (zona 2/3) que ha llegado a ser un gran centro de negocios, a un paso del London City Airport y del O2 arena, que se encuentra de camino a Greenwich. Cuenta con una de las estaciones de metro más grandes e increíbles de Londres, una galería comercial subterránea envidiable llena de pasadizos que te llevan de un edificio a otro con tiendas, un Waitrose tremendo y cafeterías de todo tipo. Todo ello en medio de los mismísimos Docklands: una zona salpicada de puentes, algunos de ellos móviles, sobre pequeños canales por donde aún circulan embarcaciones de vela. ¿Tú lo entiendes? Se llega en metro (Canary Wharf, Jubilee Line) o con la vistosa línea de los Docklands, desde Bank o Tower Hill, con vagones automáticos y sin conductor (Heron Quay, Canary Wharf o South Quay, DLR).






Espero que te sea útil. Úsalo bien ;) 
¡Feliz fin de semana!

25 mayo 2019

El gran reto del #365

Parece que está de moda retarse en las redes sociales. 
Hay quienes tienen como reto petar las redes con fake fotos suyas y otros,  directamente, se retan a sí mismo. 
No te creas que soy muy fan de tener la cabeza ocupada con hacer algo, que suele ser siempre lo mismo, cada día del año por decir... ¿qué? ¿lo logré? Tonterías. Muchos deciden iniciarlo el día de Año Nuevo aunque la mayoría no creo que esté en condiciones para empezar nada ese día. La verdad es que al principio de cualquier mes sólo me interesan dos cuestiones: cuántas guardias voy a tener y cuántos días faltan para vacaciones. Y dicho esto, te contaré una cosa. 

El mes de Octubre pasado estuve en Londres y entre tanta cosa bonita que había para comprar y yo, decidí traerme una agenda, que más bien parecía un libro de tapa dura. Es que era preciosa. Me la traje para casa con la idea de usarla de lo que era: una agenda (la tercera o cuarta agenda ya). Pero me dio pena en aquel momento empezarla así que la guardé y ahí quedó hasta que me acordé de ella... el día de Año Nuevo.

Me planteé entonces, como reto, algo asequible para mí: escribir, al menos, una frase al día. Eso podía conseguirlo. Y vaya si lo conseguí. Ya vamos a entrar en el mes de Junio y parece que llevo medio libro escrito. Mi sueño: escribir un libro y que además ya esté encuadernado. De repende un día, al pasar algunas páginas para detrás, me sorprendí a mí misma con todo lo que había para contar y digo yo, ¿qué mejor que releerse a uno mismo?

Así me he dado cuenta de lo que eran miedos infundados, preocupaciones que ya son historia, de esos pequeños errores y de lo mágico que fue hacer las paces a tiempo, de grandes sorpresas y sobre todo me he dado cuenta de que el gran libro de la vida sólo se puede escribir hacia delante pero siempre vale la pena echar un ojo a lo que hay detrás.

¡Feliz fin de semana!

25 marzo 2017

NUEVO BLOG

¡Hola!

A los que tropiecen en este blog me gustaría informarles de que no va a haber más contenido nuevo en esta dirección web. Pueden leer hacia abajo todo lo que en su día se publicó aunque ya mucho de ello prescribió. A partir de ahora podrán encontrarme a mí y a mis ideas en un nuevo sitio, también llamado "Entre tú y yo": entredebpitayyo.blogspot.com.es

Hasta pronto


07 julio 2015

Taller de entrevista clínica

Esta semana y la anterior ha habido un silencio (dis)funcional en este blog debido a los cursos que hemos tenido que atender. No lo digo como queja, sino como nota informativa. 
Los primeros días de julio fue sobre el manejo de la consulta de Atcn. Primaria (básicamente papeles que tenemos que conocer y manejar, bajas laborales y otros trámites no faltos de importancia) y estos días ha tocado hablar sobre la comunicación médico-paciente. (¡JA!) Quizás sea la que más me dio para hablar y no pude evitar intervenir alguna que otra vez... Es que si me pides que te cuente cómo sería el paciente ideal, me estás dando mucha cuerda. Uh, a mí dame cuestiones metafísicas. 
El paciente ideal... ¿existe?
Te diría que no. Si no fuera porque ya lo he conocido. De hecho mi tutora y yo tenemos un par de pacientes de los que podemos decir, son ideales. Son respetuosos en todo momento, nunca vienen fuera de hora, esperan su turno, los motivos de consulta son lógicos, no hacen quejas, te comentan su (así, en singular) problema y suelen ser resolvibles, consumen exactamente el tiempo programado para su cita y se marchan sonrientes. Y sanos, claro. Sin abrazos, sin "mi niña", sin regalos. Considero que no pedimos mucho a nuestros pacientes y aún así, este utópico paciente es más raro de ver que un perro verde.

También es cierto que los pacientes esperan que el profesional sanitario que lo atiende, tenga cualidades parecidas: que sea puntual, que vista de manera profesional, que tenga conocimientos, que sea resolutivo, que sepa escuchar y sea empático. Ajam. Uno trata de esforzarse (en mayor o menor medida) para acercarse a las expectativas de nuestros pacientes pero la realidad es que también somos humanos y las características individuales tienen un papel central en todo este proceso de la entrevista clínica. 

Hablamos sobre las expresiones, conscientes o inconscientes, que podemos mostrar durante la consulta. A veces una mirada, un gesto, una ceja más alta de lo que debía, puede decirle a nuestro interlocutor más de lo que pensamos. Pero esto no es nada nuevo. Seguro que tú mism@ tienes la sensación de ser más expresiv@ de la cuenta y que al leer esto has pensado "es que a mí se me nota todo en la cara". (Si no te ha ocurrido no pasa nada, pero ya que estás, me interesaría que pudieras darme nociones de poker face, gracias). 

Un detalle que a mí me resulta particularmente interesante son los guiños entre tú y yo. A menudo la gente me guiña un ojo (mayormente hombres) en contextos muy variados: desde la consulta al hospital, entre compañeros o desconocidos. No me refiero a los guiños en un bar de copas, claro; sino a esos espontáneos, a los que transmiten confianza, un saludo amistoso, un "bien hecho", en definitiva un guiño que he terminado asociando a un sentimiento agradable. Es por esto que a veces me encuentro a mí misma dejando a un lado el pudor y guiñando el ojo al mundo, transmitiendo siempre en un canal de frecuencias positivas. Te animo a que lo intentes y compruebes el resultado. 

¡Feliz noche lectores! ;) ;)

22 junio 2015

Busca

Una de las cosas que me estresaban de las guardias cuando era estudiante, era tener en mi poder el busca.

A mí no me molaba ese rollito de que te llamaran del 35488, o cualquier otro número al azar, y eso fuera el pistoletazo de salida de una carrera sin obstáculos hasta el sitio donde hubiera una parada cardiaca, un señor asfixiándose o semejante panorama aterrador. Primero, porque soy malísima para gestionar los números y segundo, porque tengo un fondo físico algo oxidado. Además, estoy convencida de que si me llegara a pasar eso mismo, empezaría a correr sin saber exactamente hacia dónde y mucho menos en un hospital nuevo (donde casi no sé ni encontrar los baños; con los ascensores no suelo tener problema, hay muchos).

Sin ser paradas cardiacas, quedan todas las demás llamadas al busca que tienen menor nivel de urgencia como puedan ser las de planta y las de urgencias. Y ahí es donde estoy yo. Para mi tranquilidad, sin busca ni carreras. Al estar en urgencias, soy yo la que hace las llamadas al busca y a veces a domicilios (de especialistas que hacen guardias localizadas). Es curioso que antes me preocupara ser la persona reclamada en un busca y ahora me haya tocado ser la que hace las llamadas. Creo que esto me ha dado perspectiva sobre cuándo tengo que llamar y qué reacciones esperar cuando pongo un busca entre tú y yo. La clave es tener un buen argumento

¡Feliz Lunes!
PD: estoy saliente :)

18 junio 2015

Esta tarde dale al play

Es increíble lo que puede ocurrir al escuchar la música de Enya y dejar volar la imaginación entre tú y yo...

14 junio 2015

Cuando tu paciente es peluquera



La paciente peluquera no deja de ser peluquera ni por fuera ni dentro de la consulta. Suele ser la paciente que pide cita el viernes a última hora o justo el día que no te has lavado el pelo. O, como en mi caso, las dos cosas. Motivo de consulta aparte, no tardó en derivar la conversación hacia su territorio: el pelo. Tonta de mí (y de mi tutora) por dejarla hablar. Parece que las peluqueras tienen una doble virtud: la de escanear el pelo de la gente con la mirada y automáticamente dar su opinión sobre el mismo sin que se le haya consultado. A mi tutora como ya la conocía de antes, directamente le había traído unos productos para el pelo reseco. Pero conmigo, como era la primera vez que me veía, se entretuvo un buen rato. 

Me preguntó si me duchaba con agua caliente. Le dije que usaba agua tibia. Me contestó, llevándose las manos a la cabeza con gran dramatismo, que no hiciera semejante abominación porque eso hacía multiplicarse las glándulas sudoríparas y que, claro, así entendía que tuviera el pelo tan graso. "Uf, qué va, qué va". Me miraba como si fuera un caso perdido. Me preguntó si usaba crema para el pelo. Yo le dije que sí; por miedo, más que nada, a que me echara la bronca por no usarla, como ya me había pasado antes. Pero mi estrategia tuvo el efecto contrario, me cayó un sermón por usarla. Me preguntó qué champú estaba usando que me dejaba el pelo así. Pues no sé, champús normales, de estos de frutitas que te dejan el pelo oliendo bien. Dijo que no usara nada de eso, que esos no limpian bien el pelo. Le tuve que decir con una vocecilla: "es que ayer no me lavé el pelo, pero de verdad que cuando me lo lavo se me queda limpio". Si no eres peluquera, entre tú y yo, mi pelo el viernes por la tarde también estaba bien. Su intención era venderme un champú mágico que iba a aliviarme de todos mis males grasientos. Hasta me preguntó dónde vivía para llevármelo (¿está loca señora?). Yo le dije que era un poco pasota. Buá. Con eso la asusté ya; me dijo que de cuello para arriba era toda la belleza de una mujer y que no fuera pasota en ese aspecto. No lamenté disentir con esa última afirmación. Creo que las personas bellas lo son por fuera y por dentro (sobre todo por dentro).
Todavía no sé si me estaba llamando fea, pelo-grasiento, dejada o todo a la vez. A punto estuve de levantarme a mirarme en el espejito que tenemos en la consulta
Como ya estaba llegando a mi límite de aguante (ni qué decir de los 6 minutos de consulta por paciente) le mencioné que mi tía era peluquera y que todo lo que ella me estaba diciendo ya me lo había dicho ella (no le dije que de mucha mejor forma). Buá. Con las mismas me soltó que no era lo mismo, que ella tenía un máster en tricoterapia. Y así derramó (no colmó) el vaso. Consiguió que me pusiera en modo "ajam" y con las mismas, liberé a mi mente de escucharla. Le dediqué a la paciente mi mejor sonrisa mientras dejaba que mi cabeza, con el pelo graso y todo, se evadiera de aquella consulta donde había demasiadas opiniones gratuitas. 

¡Feliz domingo a todos los pelos grasos!

09 junio 2015

MI PRIMERA GUARDIA

... ¿hace falta decir más? 
Esta es la entrada que estabas esperando entre tú y yo (y lo sabes). Después de papeles, presentaciones, cursos y más historias, había llegado el momento de enfrentarme a mi primera guardia de Urgencias para la que, además, me habían asignado en triaje ("puerta"). No quiero decir "tampoco fue para tanto" porque la primera vez que tienes a un paciente que es tuyo delante, se te ponen los pelos de punta. Los nervios no te los quita nadie. Pero es parte de la experiencia personal de tu primera guardia y creo que esas sensaciones son lo más bonito de todo esto y lo mejor de nuestra profesión. Te adelanto que ha sido una guardia... ¡fantástica! :)

15.00 hrs Nos dijeron que a esta hora teníamos que estar ya al pie del cañón en puerta y así lo hicimos mi compañero y yo. Nos presentamos al adjunto que estaba en el primer box de triaje y que tenía una hermosa ristra de pacientes por ver. No lo entiendo, nos habían dicho que estas semanas estaban siendo casi una luna de miel y que estaban viniendo pocos pacientes a Urgencias. Por algún motivo parece que esa tarde de lunes había bastante gente. Al ser la primera vez que estaba allí, esperaba ver algunos pacientes con el adjunto, quedarme con la tónica de trabajo y luego continuar yo sola. Pero al entrar en la consulta lo que nos dijo fue: "Hola, ah sí, residentes... bueno las historias se ponen todas aquí, las van cogiendo y se va cada uno a un box. No pidan muchas pruebas de laboratorio salvo las necesarias porque tal como está el patio, van a tardar bastante."
15.05 hrs Salí a la sala, llamé a mi primer paciente y entró a la consulta. ¡Manos a la obra! ¿Tenía miedo? No. ¿Pánico? Totalmente. Pero siempre hay un primero; luego, un segundo, un tercero y cuando pasas del quinto empiezas a sistematizar mejor porque en tu cerebro se va integrando el método a seguir. Si usas la lógica y pides las pruebas de forma razonada, al final el método funciona. 
19.30 hrs Me dio por mirar el reloj para tomarle el pulso a un paciente y vi que habían pasado 4 horas. A estas alturas había perdido completamente la orientación paciente-temporal. Según el adjunto en lo que llevábamos de tarde habían venido unos 120 pacientes. Hubo un instante en que entraba ¡un paciente por minuto! Al parecer conmigo se había terminado la luna de miel y estaban viniendo como locos. Por favor, ¡que alguien cierre la puerta! :P
21.20 hrs A esas alturas de la tarde ya había mirado pupilas hasta hartarme, me había tocado hacer un par de exploraciones neurológicas completísimas, un par de tinciones de fluoresceína a pacientes que venían por problemas en los ojos, hasta un tacto rectal, un puñado de otoscopias, una rinoscopia anterior bien apañada y tantas auscultaciones que estaba por dejarme el fonendo colgando de las orejas. No sé tú pero yo di por aprovechadísima la tarde. Al dar el alta a mi último paciente sucedió algo extraño: fui a buscar una nueva historia clínica para ver a otro paciente y... ¡no había! Le pregunto al adjunto: "¿no hay pacientes?" y me responde: "¿qué quieres?, ¿más?" XD  Me comentó que al parecer en Trauma estaban los compañeros dándolo todo y fuimos al rescate.  
22.00 hrs Mi compañero subió de cenar y fue mi turno, bajé a la cafetería fantasma donde unos pocos tomaban su cena tardía. Puse mi móvil al 3% de batería a cargar y al volver al servicio fue como ir con el piloto automático. No tenía sueño, ni me pesaban los ojos, sólo quería buscar alguna actividad con la que mantenerme activa. 
00.18 hrs Metí unas galletas de chocolate derretidas en el congelador del office. 
00.38 hrs Fui a buscar las galletas al congelador. Estaban aceptables... 
01.15 hrs Empecé a echarles un vistazo a los protocolos de Urgencias... Me miré la saturación de Oxígeno con un pulsioxímetro que había por ahí... Me miré en el espejo del baño y me puse algo más de corrector de ojeras... 
01.30 hrs Llegó un paciente y se fue. Vino otro, dos más le siguieron. Algunos pacientes necesitaban hacerse radiografías, aprendí a mirarlas en el programa informático. Diagnostiqué mi primer cólico renal yo solita (ya sé que no es nada raro pero yo me sentí muy orgullosa de mí misma al saber cómo actuar sin que nadie me lo dijera).
02.15 hrs Partimos la guardia y la mitad de los residentes se fueron a dormir un par de horas y la otra mitad nos quedamos. Tuve que despertar al residente de cirugía. Desde aquí le envío un saludo: sí, te llamé yo, espero que no me odies. Creo que no le dije mi nombre, sólo desde donde lo llamaba y un buen rato después de que atendiera al paciente y todo lo vi indagando por ahí, preguntando a otras residentes si había sido alguna de ellas la que lo había despertado. No me manifesté. 
03.55 hrs No había mucho movimiento, a lo lejos los resis que estaban asignados en otras áreas hablaban sentados en una camilla vacía en el pasillo. Yo me quedé con la silla cómoda que había en Trauma y me puse a hablar con al enfermera S. que estaba allí, y que era más o menos de mi edad: al principio de medicina, de atención primaria, luego del gimnasio, de Santiago de Compostela, de las comidas que engordan... 
04.45 hrs ¡Hora del break! Como éramos 5 residentes, tuvimos que buscar un colchón extra y subirlo a la habitación de descanso. Hicimos una mini acampada. Pensé que me costaría coger el sueño pero según me metí en la cama (sí, una de esas camas de pacientes viejas con sábanas de hospital), mi cerebro se apagó y no recuerdo nada hasta que sonaron los despertadores a las 07.30 hrs. Me desperté como si hubiera echo una maratón. Esta vez no me miré en el espejo del baño sino que me volví a poner la bata y todos los artilugios encima y me comí el pan seco de la cena. 
07.35 hrs Urgencias seguía donde la había dejado, sin gran alboroto ni movimiento. Aún era temprano...
08.30 hrs Sesión clínica
09.30 hrs Desayuno. Ahora sí que la cafetería estaba en plena actividad. Los residentes de especialidades iban a una sesión y yo me tomé un café con un croissant que me supo a gloria. Estaba tan absorta en el café que no me daba cuenta de la gente que pasaba a mi lado. Sólo sé que tenía hambre y que estaba satisfecha con la guardia. Estaba cansada pero aún me quedaban energías para más. Charlando con una compañera de otra especialidad me dijo: "¿tú eras de familia no?". Le dije que sí y me respondió "es que se te nota". Este comentario me hizo mucha gracia y quise saber por qué. Me dijo que era porque siempre estaba feliz y sonriente, que tenía un brillo en los ojos y que se veía que disfrutaba escuchando y ayudando a la gente. Me gustó que aún después de 24 horas de trabajo, fuera capaz de transmitir eso a los demás y con esta maravillosa sensación me fui a casa a descansar.  

Después de la experiencia, aquí les dejo mis CONSEJOS PRACTICOS para enfrentarse a las guardias de puerta en Urgencias: 
  • Asegurarse de tener algo de comida que echarse c/8 hrs. (aunque sea un pan reseco que te sobró del almuerzo). 
  • Llevar un calzado cómodo, fundamental.
  • Tener a mano siempre una botella de agua (y ponerle tu nombre). 
  • Si eres una persona calurosa olvídate de las dobles capas de ropa (p. ej. llevar camiseta debajo de la blusa del pijama) que sólo sirven para hacerte sudar. De las rebecas ni hablemos. Y además, contar con un buen desodorante. 
  • ImprescindiblesTener algo donde anotar, cable o cargador del móvil, linterna (y si tienes luz azul, es un plus), saber dónde están los depresores linguales y conos del otoscopio, Vademecum y sobre todo conocer con qué equipo de enfermería y qué adjunto te ha tocado esa guardia y tenerlos ubicados (a ser posible llevarte bien con todos, no molestar en los momentos de descanso ni hacer las cosas por tu cuenta sin contar con ellos). 

22 mayo 2015

Cómo sobrevivir al MIR - parte III (el punto final)

Ya sé que terceras partes nunca fueron buenas, así que intentaré ser breve. 
¿Te lo has creído? No sé por qué digo tonterías, tú y yo sabemos que me encanta enrollarme. Lo más destacable es que por fin me quito el cartel de "opositora MIR" y lo cambio por el de ""residente MIR", "residente" o "MIR" a secas. Lo llames como lo llames, voy a empezar a trabajar en el mundo real y esto es un cambio que no pasa desapercibido en mi estudiantil rutina. Probablemente lleves un mes preguntándote qué estoy haciendo con mi vida y por qué me he olvidado de escribir. No lo he hecho, simplemente he estado firmando (así, en gerundio) pero tranquilo que no se me ha olvidado ni un detalle de aquel día...

El gran momento de elegir plaza llegó como habían llegado antes el temido examen MIR y la publicación de las estimaciones: con una lentitud pasmosa y muchísimos nervios. Si tuviera que describirlo en una palabra diría incertidumbre - no miedo. Mi puesto no fue como para tirar cohetes, ni mucho menos; un poco de confeti de colores si me apuras. Así que la espera fue prolongada. Tuve que ver cómo se agotaban delante de mí oportunidades que pensé que tendría en mi mano. Incluso tuve que afrontar la dura pregunta "Deb, ¿vas a repetir el MIR?". NO, gracias. Dicho esto empecé a valorar mis opciones y tomando de partida que me encanta la medicina clínica taché de mi lista todo lo que podía hacerse en un laboratorio, despacho o gimnasio o forense. Al llegar a Medicina de Familia tuve que echarme a reír. Me vinieron a la mente todas las palabras que había dicho sobre esta especialidad y me las fui comiendo una a una. Recordé a todos mis compañeros y amigos, médicos de familia, y me gustó pensar que podía ser uno de ellos. Iba buscando un servicio donde me acogieran y acabé encontrando una familia entera. 

En cualquier caso, elegir especialidad era "fácil", seleccionar lugar no lo sería tanto. No tenía ninguna certeza de que fuera a quedar disponible el sitio que quería para cuando me tocara, pero tenía tan tan clara la imagen en mi cabeza, que era como si ya estuviera allí. Un invierno en Madrid habían bastado para convencerme de que necesito ver luz más de 4-5 horas al día; así que fui con la esperanza de poder vivir bajo el sol. Y sentí que ya era mío, que me pertenecían el mar, la arena y el calor por el mero hecho de desearlo tanto. Fue totalmente un acto de fe. Imagina mi sorpresa cuando miro las vacantes del turno anterior y veo que aún tengo posibilidades. Estaba hecho, aunque quedara sólo 1 plaza, a mí me bastaba. (Luego me enteré que mi abuela había puesto una vela a Santa Rita, no sé si eso hizo efecto plus). 

Bye, Tenerife!
Al salir del Ministerio con mi plaza deseada en la mano sentí que podía acabarse el mundo en ese mismo instante, que daba por satisfecha mi vida. Fue como quitarme el edificio entero de encima. Kilos y kilos de duro hormigón. Aquello no era felicidad, uno está feliz cuando se toma un barraquito. Era algo más grande que la felicidad, el saber que has acabado algo que empezaste hace tanto tiempo que casi habías olvidado por qué lo hacías. Era un bingo, un pleno jugando a los bolos, la primavera y el verano juntos. Estoy orgullosísima de decir que soy médico de familia en Las Palmas de Gran Canaria

Siempre me gustaron los libros, pasar las páginas y que oliera a viejo, cerrar capítulos y empezar otros nuevos. En definitiva, transición. Esta es mi vida ahora. Las semanas posteriores al viaje a Madrid han sido un no cesar de papeles, certificados, firmas, visitas a aseguradoras y fotocopias. La consecuente mudanza (¿cómo iba a faltar?). Y la presentación en mi nuevo servicio donde me esperaba mi nueva familia con los brazos abiertos. Al llegar hasta allí fue como si todo cobrara sentido, todas las piezas encajaban bien. Yo encajaba bien. 
¿Si el MIR me ha devuelto todo lo que le he dado? - me preguntas. No. No espero que la medicina me devuelva todo lo que le doy. Mi tiempo, el de mi familia, mi esfuerzo, mi estudio, mis inversiones, las de mi familia. Dar mi máximo es mi privilegio y no lo hago esperando a cambio aplausos, elogios o diplomas. Lo hago porque quiero; porque no imagino mi vida sin ti, sin la otra parte del "tú y yo". 
Mi consejo para los actuales opositores MIR es el siguiente: Haber recorrido el larguísimo camino de la Medicina es prueba suficiente de que estás en lo tuyo, no te asustas fácilmente, eres duro y haces lo que haga falta para conseguir lo que quieres; tú puedes. Sólo necesitas recordar esto todas y cada una de las veces del día que dudes de tu potencial. No te preocupes por qué vas a ser o dónde puedes terminar trabajando en un futuro incierto. Tú estudia, lucha y céntrate en mejorar tus conocimientos para ti, para tus pacientes
A los que siempre se acordaron de dar ánimos, les retorno mi mejor deseo para sus MIRes y a mis co-resis, ¡¡manos a la obra compañeros!! ¡Nos vemos pronto! :)

04 abril 2015

Cómo sobrevivir al MIR - parte II (el altar de las causas perdidas)

La sensación de hacer el MIR es, en primera instancia, liberadora y gratificante. Te das todas las palmaditas en la espalda que crees que te mereces y más. Saltas de alegría y lloras de felicidad. Reconócelo, llegar hasta ahí tiene mucho mérito. 
Lo que te dure el subidón depende de cada uno. En mi caso fue una noche. Lo justo para disfrutar de un par de copas y volver a casa, meterme en el pijama y forrarme de mantas (en Madrid estábamos bajo cero). Dormí unas 3 horas en las que no noté ningún descanso. No había amanecido cuando en mi cabeza empezaron a acuchillarme, casi literalmente, todas las preguntas dudadas (que fueron muchas). Las horas siguientes fueron un infierno. Mi compañeras de piso se habían marchado a pasar el día fuera por motivos varios y no estaban en casa. Yo me debatía entre meter la plantilla y ver mi estimación, pasar de todo y salir de casa perseguida por todas esas preguntas, llamar a mis padres, coger un cubo para vomitar y al mismo tiempo, mirar si había en el piso algo de soga para ahorcarme. 

Futuros opositores MIR, sé que les gustaría oír cuantos consejos sean posibles. Pero la verdad es que no tengo la clave para poder sobrellevar esos momentos, simplemente hay que sufrirlos pasarlos.
A mí me dio un ataque de llanto. Lloré y lloré. Como nunca antes había hecho. Le dije bye a mi primera opción y a otro puñado de ellas. Te recuerdo que no tenía nada claro mis preferencias y casi cualquier especialidad y lugar de España me parecía bueno; tenía muchas opciones. Pasé unos cuantos días hecha un lío, sin saber a ciencia cierta qué sería de mí. Retomar mi "vida" no me preocupaba para nada, ni los viajes ni ver un último museo antes de volver a casa. Sólo estaba deseando que pasara el tiempo y borrar todas las malas sensaciones que me venían a la cabeza a cada instante (incluso durante la publicidad en medio de los capítulos de Mujeres desesperadas de por las mañanas). 

Los mensajes de "¿cómo te fue?" o "¿cuánto te estiman?" fueron directos a la papelera. A pocas personas les conté cómo me sentía en realidad. La procesión se lleva por dentro y la mía iba para largo. A los días, metí todas mis cosas en cajas y me mudé de vuelta a Tenerife. En casa todos se alegraron de verme y hacía buen tiempo. No tenía el cuerpo para mucha fiesta pero al menos conseguí distraerme más que en Madrid, paradójicamente. Algunas noches volvía a llorar recordando mis opciones y soñando qué hubiera podido llegar a ser con cada una de ellas. Es duro ver cuánto podemos a llegar a mortificarnos, a veces nuestro peor enemigo somos sólo nosotros mismos.
No hay mal que cien años dure. Así que más tarde que temprano, por unos contratiempos, los resultados provisionales llegaron. Bueno, empecemos a construir de nuevo nuestra próxima meta. No más causas perdidas, no más sueños frustrables.   
Si algo me define es la palabra práctica.Tengo mucha imaginación también. No me fue difícil tomar mis posibilidades y edificar sobre ellas. Vi qué especialidades y sitios podía escoger y así empecé a elucubrar sobre el tema. Pero era mentira que todo me pareciera buena idea. Sé que mi interior sabe lo que quiero pero en esos momentos no me parecía inteligente seguir mi intuición, no sé por qué. Creo que la clave es hablarlo, hablarlo de nuevo pero, al fin y al cabo, hablar sobre ello. Buscar información, opiniones de todo y de todos los lugares. Pero España es muy grande y para una isleña, pensar en dar el salto a la Península es como para un pez saltar fuera del agua. No quería limitar mis opciones pero a la vez, tampoco quería volar demasiado alto por si acaso no me recuperara de esa caída. Así que muchas ideas se iban tan rápido como venían. 
Me llevó muchas tardes confeccionar mi auténtica lista de preferencias. Trazarte objetivos con los que no contabas teniendo en cuenta tus verdaderos gustos conlleva conocerte muy bien y enfrentarte a un gran reto: levantarte después de haber resbalado. Después de todo, uno y sólo uno mismo, tiene que enfrentarse a esa gran pregunta 236, "¿y ahora qué quieres?" Para unos será una gran especialidad, para otros el mejor hospital, o una ciudad bien conectada, que esté cerca de casa (o lejos), con mucha o poca responsabilidad, con más (o menos) guardias y, por qué no, un sitio donde nunca sea invierno.
Al final yo también llegué a esta pregunta básica y quise ser sincera con lo que quiero. Me lo debo a mí misma. Así que visualicé el sitio en el que quería vivir y lo busqué en el mapa. El tiempo dirá si es mi auténtico destino.  
¡Ánimos, suerte y fe para todos mis compañeros y opositores MIR! 
   

02 abril 2015

Astonishment


"Atormentado. Se aferró al recuerdo como si pudiera salvarle. Pero no quería darse cuenta de que un recuerdo vacío es una biblia en blanco. El silencio sólo te responde con más silencio. Ella no retuvo el sonido de sus llaves y lo que siguió fue el crujir de la puerta al marcharse él. Lamentaciones. Voces que retumban ecos de verdad y rebosan dramatización. Al momento oyó pasos que se alejaban de ella y de sus miedos. Supo entonces que él volvería más tarde, más temprano. Sus labios con sabor a lágrimas no lo dudaban. Él, en cambio, se fue con los bolsillos vacíos, la mirada al frente y sin intención de pagar viaje de vuelta."   

28 marzo 2015

Cómo sobrevivir al MIR - parte I (construcción y destrucción)

Si acabas de hacer el MIR y no has muerto en el intento, ¡¡enhorabuena!!
Acordaremos que esta prueba es la más perversa atrocidad que se le podía ocurrir al sistema sanitario español para el reparto de sus plazas. Por qué no podemos ser como otros países que nunca han oído hablar del MIR ni nada parecido, en los que puedes ser lo que quieras a la primera y sin un año de estudio de por medio. Nos ahorraríamos un chorrazo de café, otro tanto de somníferos, papel higiénico y la posterior psicoterapia (que a mi entender debería incluirse en el paquete de preparación MIR que ofrecen las academias). Pero en este país no es así; hacemos lo que podemos con lo que tenemos. O más bien "hacemos lo que nos dejan", porque eso de coger tu plaza soñada (a la primera) suena a cursilada. 
Claramente estos renglones no van dirigidos a los que el próximo abril podrán tomar su plaza soñada. Me refiero a todos aquellos que no lo harán. Como ya sabes, yo sólo hablo de lo que conozco y a eso me dedico en este blog. De esto te das cuenta con el tiempo, cuando te quedan más o menos 3-4 meses para hacer el examen, cuando estás tan metido en el fango que no sabes si es mejor intentar retroceder para salir del lodo o from lost to the river

Me parece que no me equivoco al pensar que no son pocos los casos de gente que, tanto si coge plaza el mes que viene como si no, va a tener que despedirse de su primera (tal vez única) opción. Pero claro nadie cuenta esta versión de la historia porque es mejor un éxito completo que un logro a medias. Esto produce un sesgo bestial porque al preguntar en el hospi, los otros residentes te cuentan cómo les fue a ellos y si están ahí, es porque les fue bien. Por favor médicos del futuro, rechacen esta versión del mundo. La realidad es que no sólo depende de cuanto estudies sino de otros muchos factores, tu resultado final en esta gran prueba. 


¿Qué pasa con los que no encuentran al genio al frotar la lámpara? Pues hay varios caminos posibles. Los más fuertes se recompondrán física y mentalmente a tiempo para jugar un nuevo round este año. Otros aún andarán en el limbo de preguntas más existenciales (¿ser o no ser?, ¿MIR o no MIR?). Otros tantos habrán lanzado por la borda las primeras opciones (y quién sabe si las segundas y terceras y cuartas...).

¿Qué pasará con todos ellos? Es fácil, al llegar el próximo mes el que no se haya escondido, tiempo habrá tenido. Sí, incluso si te has comprado un pasaje tan caro como para atravesar medio mundo y tomarte una cola light en Australia, estás visitando el Machu-Pichu y no tienes cobertura (pero sí palo de selfies) o si estás en Dubai ciego de alcohol y otras sustancias. Se espera de todos que seamos lo suficientemente maduros y consecuentes para decidir nuestro futuro para los próximos 4-5 años. 

Me parece que no tiene lugar echar en cara nada del estilo "haber estudiado más" o burradas semejantes. No nos hagamos esto, somos ante todo profesionales. El MIR es un filtro por el que hay que pasar para "hacer cola" sin posibilidad de que nadie se cuele como te pasa en la charcutería si no estás atento. El número para mí siempre fue de lo más irrelevante, sé que muchos comparten mi postura. Un número no me define ni ha venido a demostrar con certeza la proporción de mi esfuerzo -tal como nos aseguraron en las academias que pasaría. 

Durante la preparación MIR, todo ese largo y cansado y difícil camino uno va construyendo sus ilusiones en el aire. Al principio son castillos, al final tiran más a una chabola que otra cosa. En la fase de máximo emparanoiamiento empiezas a vivir en ellos; eso ocurre allá por noviembre (al empezar la tercera vuelta). Habitas tus propios delirios, allí estudias, piensas que vas a subir netas en cualquier momento y en tu tiempo libre... ah no, espera, que no tienes. Sigues trabajando y ves tu evolución subir y bajar sin tener ninguna idea de cómo diablos te va a salir el examen. Nada, aquello es una nebulosa gris.  



En mi caso particular había rechazado cualquier idea de fijarme un objetivo concreto. Desde el principio mi postura fue siempre la misma: "yo voy a esforzarme al máximo, lo haré lo mejor que pueda y me presentaré al examen; ya cuando tenga mi número veré qué puedo hacer con él y cuáles son mis posibilidades". Una manera muy linda de intentar quitarme presión de encima, pero ineficaz.

La realidad es que al acostarte cada noche sólo buscas en tu mente la manera de hacer +1 en tus netas y en tu primera, segunda y tercera opción de especialidad y hospital. Francamente, una (inevitable) estupidez. En mi academia no se cansaban de tratar de quitarnos de la cabeza toda idea de elecciones hasta que llegue el momento adecuado, nos instan a estudiar sin ocupar la cabeza en nada más. Pero la verdad es que la gente te pregunta, tus compañeros de piso, tu casera, tu abuela, tu dentista, el charcutero y hasta tú mismo te cuestionas cuáles serán tus preferencias. Así empiezas a dar forma a esos castillos, a tus propias ilusiones. 

Luego llega el día del examen. Haces tu MIR, sólo un intento.
Y el bombazo no tiene piedad, destruye tus castillitos y chabolas. 

27 marzo 2015

Llevo un diario

Sí, ya sé que esto probablemente no te sorprenda.
Me refiero a un diario personal, que no es entre tú y yo.
No me quita mucho tiempo porque no lo hago por rutina; uno llega a cansarse de las rutinas. Tengo mi documento en el escritorio del portátil y el Google keep en el móvil. Suelo anotar frases sueltas que se me ocurren, a veces sólo algo que escucho en alguna serie o que me dice un chico mono. Estos días de aburrimiento me ha dado por echar un vistazo al principio del archivo. Hay titulares de periódicos, párrafos de La sombra del viento, incluso algunas líneas que escribí mientras viajaba en barco. (Las frases célebres del Dr. Cox de [Scrubs] las tengo en una carpeta aparte, no tienen desperdicio xD). 

Hoy he querido rescatar y compartir contigo las frases del chico mono. Fueron un SMS (¡qué tiempos!). No sé si él leerá esto o si eran de su propia cosecha. Lo mismo me da. El caso es que no quise deshacerme de ese mensaje cuando pasé del teléfono bloque al smartphone. Por si te lo preguntas, el chico no es de esos que ha caído en mi agujero negro. Simplemente se marchó de Tenerife por estudios-trabajo. Me pregunto si se acordaría de mí si nos encontrásemos por la calle un día. Whatever... aquí van sus frases:

Por si aún dudas la seriedad de llevar un diario, te dejo un enlace: LINK.
¡Pasa una feliz tarde!