Mostrando entradas con la etiqueta medico. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta medico. Mostrar todas las entradas

06 diciembre 2019

Salvador

Antes de acabar el año, y para llevar la contraria al mundo, Salva acababa de apuntarse en un curso de yoga para principiantes muy cerca de su casa. 
Básicamente porque temía que, si esperaba al Año Nuevo, el yoga fuera otro de esos objetivos vacíos en listas llenas de propósitos que al final quedan en nada. Su mayor preocupación era que alguien lo reconociera o que coincidiera en su clase con algún vecino que tuviera la lengua demasiado ligera. Total, el yoga era para mujeres. Y él de mujeres no quería saber nada. Bastante tuvo con el divorcio en 2015. "Un acuerdo redondo", lo calificó su abogado. Y eso que no pudo quedarse ni con el perro. Sus amigos, los pocos que se quedaron a su lado, sintieron lástima y envidia hacia él a la vez: "te ha desgraciado", "vas a ver que de esta se sale", "soltero otra vez, va a ser la mejor época de tu vida", "si yo fuera tú...". Por supuesto él se encargó de celebrarlo, cuando todo estuvo firmado, sin armar mucho escándalo: emborrachándose dignamente un par de veces (por semana) sin acabar vomitando ni detenido. Después, vino aquella época en que lo único que quería era estar en el sillón. Tirado, como un vagabundo, con el mismo pijama, con barba y olor a humanidad, comiendo lo que su santa Madre le llevaba cada semana. 

Ahora había decidido que todo eso pertenecía al pasado. Al igual que esa blusa que su mujer se había dejado olvidada en el fondo del armario. Ex-mujer. Este año que se iba agotando cerraba, por fin, el capítulo de Laura partes 1 y 2 (y 3, y 4). Cuatro años de post-guerra. Pero había sacado la bandera blanca y la estaba ondeando en lo alto.

No sé si fue que el frío le envió más sangre al cerebro o que se acercaba la Navidad lo que le llevó a dar el paso. Lo que importa es que hoy se siente satisfecho con su decisión de haberse apuntado a esta clase de yoga de los martes y sábados. Por qué no. Vio el anuncio en el tablón de corcho que hay en la entrada de su edificio, al lado de la lista de morosos, y algo captó su atención. Por probar algo diferente. "Equilibra tu cuerpo y tu mente, hazlos más fuertes y más flexibles en Yoga. Confía en ti mismo y además ten más diversión en tu vida". Allá vamos. 

Era sábado, su primera clase. Llegó puntual, cruzó la puerta grande al mismo tiempo que un grupillo numeroso. Se descalzó y colocó los zapatos en la estantería blanca que hay a la derecha. Cogió una de las colchonetas negras y buscó algunos metros de suelo libres donde poder extenderla. Varias personas que se marchaban estaban aún despidiéndose de John, el monitor. Él permaneció en el sitio, imitó al resto de la clase y se sentó con las piernas cruzadas, una encima de la otra, expectante. Miró al frente y allí estaba: la presidenta de su comunidad de vecinos, Ana. La divorciada, guapa y graciosa, Ana. La que todo el edificio había elegido por mayoría absoluta como presidenta porque era la más inteligente y encima médico, Ana. Él no valía ni una caja de chicles al lado de ella. Mierda, le había reconocido.
Claro, cómo no, si viven en el mismo edificio. La verdad es que él también la había elegido. Porque, de todo el bloque, era la única que sonreía cada vez que se la cruzaba. Y eso le gustaba, le daba tranquilidad. Ella le estaba sonriendo también, desde su colchoneta, como señal de reconocimiento. 
Bueno, parece que esto del yoga puede resultar interesante...

25 octubre 2019

No sé si contártelo

Las consultas de Medicina Familiar muy a menudo hacen de confesionario.
Nos han enseñado que hay que tener un poco de cabeza para controlar qué decir, a quién y en qué momento. Pero en Medicina basta muy poco para saltarse todas esas barreras. Algunos pacientes llegan como una exhalación, directos a contártelo TODO. Eso en canario es lo que se dice "entullo", too much, vamos, demasiado... A otros, en cambio, les costará algunas idas y venidas poder mostrar su auténtico lado, así como de refilón, apenitas. Pero lo que la gran mayoría tiene en común es que, si los dejas, están desando contártelo todo. Para una médico joven, novel, que trabaja de sustituta es un poco más difícil de abordar yo creo. Aunque eso se entrena con la práctica clínica diaria, tengo claro que también hay que traer algo de serie. 

Para mí, la consulta en la que trabajo es mi terreno neutral: sin prejuicios ni tabús, es el tiempo muerto en la cancha, la habitación sin ventanas, es mi pequeña Suiza (con chocolate incluido). Donde se puede compartir todo (incluido el chocolate). Por eso yo también disfruto cada día de ese lugar en el que puedo expresarme libremente, sin tabús, cuando el paciente está preparado para escucharme. A la mayoría sé que les sirve lo que les aporto. Aunque no pueda quitarles el dolor o el miedo, se marchan comprendidos y agradecidos. Y este entorno de confianza hace que la relación entre tú y yo funcione.

A la porra los 6 minutos por paciente...

23 octubre 2019

Mi pareja y yo nos estamos separando

Mala señal... 
Cuando tu primer paciente de la mañana entra en la consulta y antes de sentarse casi te escupe esas palabras. Uno no sabe si mirar el reloj, ponerle el visto de asistencia o sacar los pañuelos que guardas en el segundo cajón. Entre otras cosas porque, como médico sustituto, igual es la primera (y última) vez en tu vida que ves a esa persona. ¿Cómo se aborda una situación así?
Los he tenido por igual: mujeres y hombres, y las sensaciones son iguales en todos los casos. Yo no estoy casada y nunca me he separado pero he visto que en estos conflictos hay dos posibilidades: que haya buen rollo o que haya mal rollo. Al parecer es de conocimiento popular que "el que deja al otro lo pasa mejor", pero eso es mentira cochina

Por lo general, cuando el paciente llega a la silla y se sienta ocurre la catarsis inicial. Empiezan a hablar y entre tú y yo dejo ese minuto de oro que utilizan para liberarse de todo: palabras, lágrimas, mocos, algunas babas... Muchos acuden a la consulta para esto. Para poder hablar con alguien de lo que están viviendo, de lo que eso les hace sentir y para escribir un borrador imaginario con las posibles maneras de afrontarlo. ¿Crees que esto es posible hacerlo en 6 minutos? Ya te digo yo que NO. 

Seguramente han venido a la consulta porque, más que considerarlo un problema médico, les supone un problema, a secas, y el Médico de Familia es ese amigo al que no llamas para ir de fiesta, sino cuando estás en apuros o tienes alguna dificultad. Sabiendo además que no es tu amigo sino un médico, y está obligado ayudarte. O al menos, a entenderte. Si no, a escucharte. 

A más bien pocos les interesa saber que lo que les ocurre a ellos es una reacción humana, normal y bastante frecuente. Se asombran al conocer que un mismo asunto: en este caso, una separación o divorcio, pueda generar sentimientos tan universales. Sobre todo porque nos gusta decir frases como "nadie sabe lo que estoy pasando..." o "mi familia no puede entenderme" o "es que esto sólo lo sabe el que lo pasa". Vamos, vamos valientes. 

Cuando ya te has pasado los 6 minutos, si no ha sonado el teléfono de consulta, los pacientes de la sala están murmurando en alto que tardas demasiado o incluso tocan a la puerta es hora de cerrar la entrevista. Lo que no saben es que más de la mitad del tratamiento ya lo has hecho: escucharles activamente, que era el motivo principal por el que han venido. Si se van más aliviados o no, eso dependerá de la capacidad de empatía de cada médico. A mí en particular me gusta transmitir tranquilidad así que me paso todo el tiempo diciendo "tranquilo", "es normal, tranquilo", "le pasa a cualquiera, tranquilo", "claro que esto lleva tiempo, tranquilo" o "vente el viernes a última hora y hablamos tranquilos". Tranquility man...
Y al final de todo, la pregunta del millón: ¿tienes alguien con quién hablar?
Lamentablemente, la respuesta el 100% de las veces es la que estás pensando: NO.
Aquí falla algo...

25 agosto 2019

Concepto: Disponible

Después de mi mes sabático en Junio no tardé demasiado en volver a la oficina de la Gerencia de Atención Primaria a "ponerme disponible". Esto fue el 1 de Julio.
Para el día 4 de Julio nadie me había llamado así que, ya casi al borde del colapso, decidí presenciarme allí. Al parecer nadie se había percatado de que tenían un médico disponible. Me despacharon y me indicaron que me llamarían. No tardaron ni 2 horas. 
"Los comienzos siempre son duros" - me dijeron. 

No era ninguna mentira, aunque tampoco me quejaré. Empecé a trabajar en un centro de salud rural y contando con que era verano, la afluencia era muy escasa. Los primeros días necesité mapa para todo: para encontrar el baño, el sello y las llaves. Una vez cogido el ritmo empezaron los contratos por días, esos de "hola, soy la médico sustituta" y "adiós, hasta la próxima". Días locos. Aunque he de reconocer que no tardaron demasiado en darme algo más prolongado: que si quince días, que si un mes, y así voy contando entre tú y yo.

Yo estoy ¡MUY CONTENTA! 😊😊😊

Por muchas razones como que: no me lleguen constantemente correos de la Unidad Docente, no tenga cursos cada semana ni prepare sesiones clínicas sin tino, no tenga que rellenar más libretas del residente y no tenga ya ningún proyecto de investigación, no haga guardias y madrugue menos porque tenga varias tardes de trabajo a la semana. También es un alivio currar más cerca de casa, quieras o no, siempre es una comodidad. Todo esto me ayuda a organizarme y a disfrutar más de ese desconocido, a veces inexistente, tiempo libre. Sólo el primer mes me leí de un tirón dos libros: Las hijas del Capitán, María Dueñas y Dime quién soy, Julia Navarro. En suma: 1.728 páginas de inspiración. 

Total, que así estoy ahora: sedienta de más historias, de más tiempo, de más. 

¡Feliz Domingo lectores!

05 julio 2019

Comunicando

Fiel a mí misma, tomé la decisión de no elegir contrato al terminar la residencia y cogerme un mes sabático. Lo necesitaba. Totalmente. Si has pasado por el 4º (o último) año de residencia, sabes lo que digo. Si estás por pasarlo, suerte grumete. Digamos que mi última prescripción de residente fue darme un reposo no remunerado pero muy satisfactorio. 
En este mes hice todo lo que tenía pendiente (sí, con un mes fue suficiente). Volví a Tenerife para pasar unos días con mi familia y era tanto lo que tenía que contar que se me quedaba la boca seca. Arreglé toda clase de burocracia aburrida y absurda. A ratos, me sentaba por ahí en cualquier lugar a meditar sobre qué tipo de trabajo quería hacer de ahora en adelante... dónde... consulta o guardias... Muchas incógnitas. En esa época el blog entre tú y yo estaba que echaba humo de tanto teclear, esa parte me encantó. Siempre me gusta saber que hablo con alguien a través de esta ventanita. 

¡Ah! También me fui de viaje con mi novio, ¡el mega-viaje! como lo llaman nuestros amigos. Esta parte también me gustó: nosotros dos en un coche descubriendo. Sin horarios, sin despertador, sin reglas. Sólo disfrutar. Cada día se vivía como una nueva etapa y nunca sabíamos a dónde nos podrían llevar esos días larguísimooooooos de verano en las Repúblicas Bálticas. Esta es la explicación del silencio de estas últimas dos semanas aunque para mí, han sido pura melodía. 

Klaipeda, Lituania

28 mayo 2019

Agridulce

Porque no sé de qué otra manera puedo llamar a esta no-despedida. 
No puedo dejar de contarte cómo fue la partida de mi Centro de Salud; ese sufrido consultorio que me ha visto pasar de medicoblasto asustado a médico residente o "resistente" a medicucha de familia.

Como toda batalla que está llegando a su desenlace y pasa por esa fase de tensión. Agrio. Yo me encontraba con el siguiente panorama: mi tutora ya había dado su voto de confianza definitivo y me había permitido (si no, empujado a) asumir la consulta por mí sola durante los últimos 15 días de trabajo bajo estrecha supervisión pero sin contar con ayuda para aprender a "gestionarme". Eso incluía: la consulta con una agenda de 36 pacientes citados, tramos de incidencias, informes, domicilios y los "extras" (esos pacientes sin cita que necesariamente tienes que ver tú y pueden llegar a ser hasta 12 ó 15 al día). Partes de baja/alta laboral, recetas, efectos inesperados a medicamentos, altas hospitalarias después de largos ingresos, cirugías inminentes o, desgraciadamente, neoplasias de reciente diagnóstico. A todo hay que hacerle su hueco.

Yo creo que no lo llevaba mal, como residente uno aprende mucho mediante el ensayo-error y, como le dije a mi tutora, entiendo que "a veces está bien estar desbordado, así uno ve de lo que es capaz". Lo que no estaba planeado era un giro en la historia. Mejor dicho, un giro en las ruedas del coche por una absurda distracción que me envió directamente a la cuneta de la autovía cuando iba una tarde al trabajo. ¡Un susto! Por suerte la chapa del lateral izquierdo recibió todo el impacto y estoy agradecida porque el único daño que hay que lamentar fue el que sufrió mi tarjeta de crédito tras los arreglos. Dulce. Este pequeño incidente ocasionó que pasara mis últimos días de trabajo con baja laboral, dolor cervical en rehabilitación y una sensación entre agria y dulce de susto, escasa frustración por no poder ni despedirme y, a la vez, un gran alivio porque puedo contarla sin secuelas.

De hecho, yo estoy mejor y mi pequeño ya está fuera del taller y con su primera revisión de ITV hecha. Un final a lo Juego de Tronos: poco épico, un poco así, de aquella manera... agridulce, pero igualmente un final.

Ya sabes: disfruta de la semana, se feliz  y...
 ¡ten cuidado en la carreteeera! 

23 mayo 2019

Ahora que esto se termina

Aprobé la carrera de Medicina en 7 años.
Preparé en examen MIR en Madrid en 2014.
Y ahora han pasado un poco más de 4 años desde que saliera del Ministerio con aquel papel reciclado en la mano que decía que tenía una plaza como Médico Residente de Medicina Familiar y Comunitaria en Gran Canaria. 

"R1 es dar la bienvenida, R2 para disfrutar,

R3 hay que estudiar y el R4, trabajar."


Esto fue lo que me dijeron nada más llegar.
Créeme, estas palabras han resonado tantas veces entre tú y yo, que las podría recitar en sueños.

La cuestión es que dejé Tenerife y a mi familia y me vine solita a esta isla. Comencé a trabajar desde el principio en una dura carrera de fondo que me iba a dejar casi sin aliento. Es agotador. Por suerte, la mitad de las historias malas se me han olvidado y de todo ello he decidido quedarme con lo mejor. Las personas, las risas y la pasión. Está claro que estas son las piezas que mueven el mundo, al menos el mío. 

A lo largo de estos 4 años ha habido innumerables ocasiones de flaqueza, de escasez de energía y de impulso. Por enfermedad, porque la vida es dura, injusta, y porque parece que no siempre se puede arreglar todo a la vez. La verdad es que lo que uno entrega a estos 4 años no está pago. Las noches, las facturas de la gasolina, los pacientes demandantes, los domicilios de última hora, los trabajos, las libretas del residente... y, en general, todo el tiempo que hay que dedicarle. TODO. Si no, esto no sale. Aunque yo digo que al final, cuando parece que ya no podemos, siempre hay para un pasito más. Aunque sea pequeño. 

Admiro a todos mis compañeros residentes y valoro el esfuerzo de todos porque estos años incluyen mucho trabajo y mucho estudio también. Los cursos, las sesiones, las jornadas, los congresos. Cada mes hay algo nuevo y llega un punto en que te ves metido en una rueda que no deja de girar y que acaba en la cuneta. Socorro
En el comienzo tuve mi época rebelde
No iba a llegar hasta ahí para no celebrarlo. Y vaya que si lo celebré. El primer verano como residente sólo recuerdo salir de fiesta. Un día cualquiera, tanto si era sábado, martes o jueves. No me importaba para nada madrugar y no me preocupaba por ser puntual. No sé qué cursos nos dieron pero sí que me acuerdo de las noches que estaba despierta hasta las tantas en la calle, de las copas derramadas, de las risas y de... más cosas. En aquellos días (y noches), la vida era divertidísima y sencilla. La disfruté mucho.
Luego, Cupido me flechó y caí de lleno en el amor. 
Conocí a mi novio, en el trabajo claro, y arrimé a un lado todas las noches de jolgorio para dedicárselas a él. Esto también me llevó a aprender bonitas lecciones pero da para varios cafés. La cuestión es que me ayudó a amueblar un piso y la cabecita. 
Y por último, hubo un momento, no sé exactamente cuándo, en que no me quedó otra que ponerme a trabajar pero... A TOPE. Intensamente. Sin descanso. Día y nochesss. 
Así ha sido el último año. Ya no había tiempo para fiestas, ni para la contemplación, ni el amor (bueno, para eso siempre). Sólo carretera, cafés y comidas preparadas en la neverita, maleta con almohada y sábanas en el maletero del coche y noches fuera de casa haciendo guardia. Bolsos para arriba, bolsos para abajo todo el rato. 

Durante los salientes tampoco dormía mucho, de hecho creo que no dormí nada. Siempre tenía miles de asuntos por hacer y algunas veces me tocó regresar al Centro de Salud para meterle mano al proyecto. Con tanto va y viene llegué a gastar hasta 250 eur en gasolina en menos de un mes (muchísimo) y más de 100 horas de mi vida en colas de autopista. Manejaba 3 agendas a la vez, sin contar el planning de la nevera. Y los días y las noches eran: trabajar, trabajar, trabajar. En definitiva, la vida del residente mayor. 

Ya hace varios días que terminó nuestro contrato. Uno se queda como... en el limbo. Es ahora cuando, ordenando papeles, pienso en todas esas historias de los últimos 4 años y me parecen importantes, aunque fueran movidas. Lo que más me alegra es haber presentado el proyecto de R4, haber terminado la libreta del residente, dejar de hacer 5 guardias al mes y no tener que rellenar más protocolos de Riesgo Cardiovascular, al menos durante un tiempo. 

Si te preguntas: ¿y ahora qué? Pues, ni idea. Yo también me lo pregunto, pero sin agobiarme. De momento sé lo que toca... 
¡vacaciones! 

29 noviembre 2015

Seis meses de Luna de Miel (en Atención Primaria)

Esta semana se han cumplido los 6 meses de rotación en Atención Primaria, la mitad de mi primer año de residencia MIR. Por supuesto, hoy me he despertado con la necesidad imperiosa de contártelo.

Los cachorritos de Medicina Familiar y Comunitaria somos los residentes más afortunados de todos -me arriesgo a asegurar, ya que casi ninguna otra especialidad pasa tanto tiempo en su servicio al principio. Para nosotros es doblemente importante porque, como nos dijeron al principio "no pertenecemos al hospital, sino a la comunidad" y tener esto presente sin conocer primero el que ha de ser nuestro hábitat natural, es difícil. 

Sin haber pisado aún el hospital, puedo decir que la consulta de Atención Primaria es un lugar duro, con alto nivel de rendimiento, donde se trabaja (y nos exigen) muchísimo, con una gran carga asistencial diaria y con escasos periodos de tregua, normalmente sin bajar de los 35-40 pacientes al día. A pesar de esto, también es la consulta más agradable, donde la gente aprende a conocerte y al final se deja coger cariño. Llegas a saber sus historias, a entender mejor los por qués, a sufrir un poquito con ellos y a reír siempre que se pueda. Cuando lo haces bien, los pacientes vuelven a darte las gracias. Cuando lo haces mal, se cambian de cupo y te miran mal desde la sala de espera de la otra consulta. Qué le vamos a hacer, no todo son aciertos.    

La consulta de Primaria es donde he podido formarme mejor, inventando el tiempo para aprender siempre algo nuevo, revisar tratamientos, organizar protocolos y preparar exposiciones. Esto ha sido posible gracias a que el destino quiso poner en mi camino una tutora estupenda y dedicada, responsable y constante. No me quedó otra que devolvérselo de la misma manera, dando todo lo mejor de mí cada día. Por supuesto, ya la echo de menos. Algo parecido ocurre con mi compañera V., mi co-R de centro de salud que ha estado trabajando conmigo codo con codo. Aunque a ella no necesitaré echarla de menos porque se viene conmigo al hospital; ambas sabemos que nos espera un periodo de adaptación. Ya sabes, lo nuevo y desconocido da un poco de angustia al principio. El hospital ahora se nos hace un mundo contando también con que ninguna de las dos es de la isla, así que lo único que conocemos del Hospital Insular es cómo llegar a Urgencias (por las guardias) y desde allí al comedor o al cuarto de descanso. Tampoco ha de ser muy difícil, supongo...

Desde la izquierda, mi coR V. y yo junto a nuestros tutores.

¿Qué he aprendido en estos seis meses? Que el Médico de Familia es médico, a domicilio muchas veces, amigo, consejero, confidente, oyente, cómplice, psicólogo, intermediario, dietista, personal coach, farmacéutico, guía espiritual, lo que el paciente necesite que seamos. "Los pacientes mienten" -me dijeron. En ningún sitio se han oído tantas verdades como entre esas cuatro paredes de nuestra consulta. Hay personas que acuden simplemente buscando una opinión sobre qué hacer respecto a algún asunto. La cuestión es que no hay asignatura que valga para este trabajo. Lo único que tienes como arma para ayudar a los pacientes muchas veces es lo que llevas contigo en la vida, la humanidad y la empatía. 

A mi tutora y a mí los pacientes nos llaman "la pareja tranquila".

Una paciente nos dijo el chisme un día. Eso es porque si tenemos 6 min. por paciente, nosotras les damos ocho y luego finalmente son quince, veinte o los que hagan falta. Hay personas que requieren más tiempo que otros y esto, los demás no lo entienden hasta que están dentro de la consulta. Algunas veces también es porque nos la juega la tecnología y el ordenador se pone como le da la gana. La cuestión es que ninguno se queda sin ser visto, escuchado y atendido. Esto lleva su tiempo y, aunque se desesperen en la sala, al final todos se van agradecidos. 

A los abuelos, que nunca fueron objeto de mi devoción, les he terminado cogiendo cariño. A muchos los llamo de nombre, me dan besos cuando me ven incluso por la calle y se sienten totalmente seguros cuando acuden a Urgencias y me encuentran a mí allí. Yo me siento como su protectora y no es rara la guardia que busque en la lista de pacientes ingresados algún nombre conocido, por si les hiciera falta mi ayuda, consuelo o compañia.


He descubierto que mi punto débil son los pacientes hipocondríacos, bipolares e histriónicos. Para ellos sólo tengo mi mejorada cara de póker. A veces uno tiene que aprender a luchar frente a la transferencia y contra-transferencia para evitar conflictos. Por más que quiera, hay cosas que me cuesta entender y aceptar. Será cuestión de tiempo y de madurarlo.

El verano fue sin duda la mejor época, cuando comenzaron de nuevo las clases en septiembre y la gente volvió de vacaciones el nivel asistencial se intensificó así como las exigencias docentes. A mí me pilló regresando de viaje. Benditas vacaciones, entre Tenerife y Londres, me ayudaron a ponerme las pilas. Al volver no me costó mucho coger ritmo de nuevo y aunque es cierto que hay fines de semana que no puedo mover un músculo, la cuestión es que me gusta mi vida tal y como es. Ahora mismo no cambiaría absolutamente nada. Lo que queda por aprender, la gente que queda por conocer, los pacientes que aún tienen mucho que enseñarme... todo eso, es parte del camino. 

Las guardias en Urgencias serguirán siendo como hasta ahora. Uno ve todos los pacientes que pueda, les alivia el dolor, les pone oxígeno, una dieta adecuada y luego va a buscar al adjunto cuando algún monitor pita más de la cuenta o no tienes ni idea o crees que aquel paciente está para irse a casa. Lo de las 24 horas se lleva medianamente... pfs, buah.. se lleva. A mí en particular siempre me atrajo mucho más trabajar de noche que de día; al igual que viajar. El ritmo nocturno es diferente al diurno por todo: el tipo de pacientes que llega, escuchar la sala de Observación en silencio, con las luces a medio apagar y el sonido de los monitores. Me gusta. Hay veces que he tenido tiempo hasta de estudiar; otras, de echar un sueñecito con la cabeza empotrada en el teclado. Uno va conociendo a los equipos de enfermería (y ellos a ti), a los celadores, aprendes a hacerte autosuficiente y no esperar por el auxiliar, que está ocupado, para que solucione cosas que puedes hacer tú mismo. 
En definitiva las cosas marchan. El tiempo va pasando, a veces a una velocidad pasmosa. Me pongo a pensar en cómo estaba yo al principio del año, viviendo en Madrid, opositora MIR echa un lío y con el estómago trancado en un nudo marinero de los fuertes; luego en mi casa, en Tenerife deseando pasar de página durante unos meses interminables, luego mudándome a Gran Canaria, comenzando a vivir por mi cuenta, empezando de cero una vida nueva en un sitio conocido sólo a medias, comprando mi coche soñado, aprendiendo lo que es ser solvente (y responsable) y ahora... aquí estoy, dando las gracias cada día, por cada paso que di y las decisiones que me trajeron hasta aquí, queriendo echar pequeñas raíces justo donde estoy para que todos sepan a dónde pertenezco. Después de lo malo, lo nefasto y lo buenísimo, todo ello, sólo me queda decir entre tú y yo que, volvería a hacerlo. Una y otra vez, elegiría este camino desde el principio. Estoy agradecida incluso a los obstáculos que me obligaron a rectificar rumbo, orientándome hasta este lugar, me hicieron fuerte y me enseñaron que, lo que había al final de todo, era sólo el principio.
¡Feliz semana a todos, 
muchos ánimos para los opositores MIR 
y abrazos para aquellos que me leen!

13 julio 2015

Pyromania (o cómo casi prender fuego a tu centro de salud)

Todo esto pasa porque hoy es lunes. {Lo sé, tuve un pálpito esta mañana cuando me encontré una cucaracha danzando por la cocina. Se me escapó por los pelos y tuve que acabar rociando toda la cocina con baygon. Desastre. Lo peor es que por la tarde el bicho seguía desaparecido en combate. Espero que al menos esté muerto.}

A media mañana mi tutora siempre me insiste para que haga descanso, aunque ella no lo haga, y a regañadientes me fui hoy al office. Allí quedaban en un plato unas magdalenas resecas del viernes pasado (¿para qué las habrán dejado ahí?) y unas bolsas de cartón muy monas de un laboratorio (tampoco entendí qué hacían allí). Como presupuse que nadie se iba a comer las magdalenas, pensé en calentarme un fisco una de ellas en el microondas para ver si el efecto la hacía masticable. Sólo se me ocurre a mí. La puse sobre una servilleta y la metí en el micro. Cerré y puse a calentar. Sí, de refilón vi que la potencia estaba al máximo pero como el micro parecía viejo, no me inmuté.

Mientras aquello empezaba a rodar, miré los mensajes de V. mi coR del centro y le empecé a contar la batallita de unas señoras que se habían marchado de la sala de espera armando un alboroto. Lo típico de lunes. No habían pasado ni treinta segundos cuando me di cuenta de que a mi derecha estaba saliendo humo del microondas. Paré enseguida el cacharro y lo abrí. La magdalena ya no existía, lo que había allí era una piedra de carbón negro de la que salía mucho humo. Miré al techo y vi el detector de humo y corri a abrir las ventanas. Rápidamente eché mano de lo que tenía allí, las bolsas del laboratorio, y empecé a abanicarlas por todo el office como si fuera a salir volando. Épico. Menos mal que no había nadie allí para ver mi espectáculo torpeza. 
Ilusa...
Tardé unos minutos en controlar la situación y conseguir que el humo se disipara. Luego me senté con pose de "aquí no ha pasado nada" al lado de una de las ventanas completamente abiertas mientras me comía unas galletas que había llevado yo misma. Al momento, entró la subdirectora del centro corriendo y diciendo "¿qué ha pasado con la cafetera?". Yo respondí "¿con la cafetera? nada". Deberían darme un Óscar. HUELE A QUEMADO EN TODO EL PASILLO. "Ah, eso... nada, que metí una cosa en el microondas pero nada, ya está controlado" dije mientras aún salía humillo de la papelera. Un momento antes había sacado la magdalena quemada del micro y la había metido bajo el grifo donde conseguí apagarla (¿se puede apagar una magdalena?). Luego la había tirado a la basura para no dejar rastro de mi delito. 

Esperé un rato prudente para que corriera el aire (es el Sureste de Gran Canaria, será por viento...lo suficiente como para que nadie se diera cuenta del olor o al menos, para que los que estaban esperando en la sala se hubieran metido en la consulta. Todas mis esperanzas fueron en vano. Al salir del office todo el mundo me miraba con cara de "sabemos que fuiste tú, quemaste algo" y arrastré mi paranoia hasta la consulta donde, nada más entrar, mi tutora me dice: "huele a quemado, ¿no?". Sí, fui yo. Le conté sobre mis esfuerzos por contener el pestazo a chamusquina pero era demasiado tarde, se había extendido igualmente por todo el centro. Mi coR V. me dijo que también se olía a quemado en la planta de abajo. Por favor, ¿qué más?. Para colmo dentro de nuestra consulta olía fatal. Me costó un rato darme cuenta de que era YO la que desprendía olor a quemado. El pelo estaba tan ahumado que parecía que acababa de salir de un asadero. La bata, directa a la lavadora. Tuve que pedirle a mi tutora colonia y rociarme con ella hasta que se me pasó la paranoia. Muérome. 

¿Has tenido un lunes mejor que el mío? 
¡Feliz semana colegas!

07 julio 2015

Taller de entrevista clínica

Esta semana y la anterior ha habido un silencio (dis)funcional en este blog debido a los cursos que hemos tenido que atender. No lo digo como queja, sino como nota informativa. 
Los primeros días de julio fue sobre el manejo de la consulta de Atcn. Primaria (básicamente papeles que tenemos que conocer y manejar, bajas laborales y otros trámites no faltos de importancia) y estos días ha tocado hablar sobre la comunicación médico-paciente. (¡JA!) Quizás sea la que más me dio para hablar y no pude evitar intervenir alguna que otra vez... Es que si me pides que te cuente cómo sería el paciente ideal, me estás dando mucha cuerda. Uh, a mí dame cuestiones metafísicas. 
El paciente ideal... ¿existe?
Te diría que no. Si no fuera porque ya lo he conocido. De hecho mi tutora y yo tenemos un par de pacientes de los que podemos decir, son ideales. Son respetuosos en todo momento, nunca vienen fuera de hora, esperan su turno, los motivos de consulta son lógicos, no hacen quejas, te comentan su (así, en singular) problema y suelen ser resolvibles, consumen exactamente el tiempo programado para su cita y se marchan sonrientes. Y sanos, claro. Sin abrazos, sin "mi niña", sin regalos. Considero que no pedimos mucho a nuestros pacientes y aún así, este utópico paciente es más raro de ver que un perro verde.

También es cierto que los pacientes esperan que el profesional sanitario que lo atiende, tenga cualidades parecidas: que sea puntual, que vista de manera profesional, que tenga conocimientos, que sea resolutivo, que sepa escuchar y sea empático. Ajam. Uno trata de esforzarse (en mayor o menor medida) para acercarse a las expectativas de nuestros pacientes pero la realidad es que también somos humanos y las características individuales tienen un papel central en todo este proceso de la entrevista clínica. 

Hablamos sobre las expresiones, conscientes o inconscientes, que podemos mostrar durante la consulta. A veces una mirada, un gesto, una ceja más alta de lo que debía, puede decirle a nuestro interlocutor más de lo que pensamos. Pero esto no es nada nuevo. Seguro que tú mism@ tienes la sensación de ser más expresiv@ de la cuenta y que al leer esto has pensado "es que a mí se me nota todo en la cara". (Si no te ha ocurrido no pasa nada, pero ya que estás, me interesaría que pudieras darme nociones de poker face, gracias). 

Un detalle que a mí me resulta particularmente interesante son los guiños entre tú y yo. A menudo la gente me guiña un ojo (mayormente hombres) en contextos muy variados: desde la consulta al hospital, entre compañeros o desconocidos. No me refiero a los guiños en un bar de copas, claro; sino a esos espontáneos, a los que transmiten confianza, un saludo amistoso, un "bien hecho", en definitiva un guiño que he terminado asociando a un sentimiento agradable. Es por esto que a veces me encuentro a mí misma dejando a un lado el pudor y guiñando el ojo al mundo, transmitiendo siempre en un canal de frecuencias positivas. Te animo a que lo intentes y compruebes el resultado. 

¡Feliz noche lectores! ;) ;)

30 junio 2015

Principios

Ya lo sabía y para ello me he preparado. Estudiar es una parte importantísima de la carrera médica, incluso durante la especialidad. Pensarás que después de tantos años entre la facultad y el MIR estoy surtida de libros y apuntes pero la verdad es que siempre hay una nueva meta. 
Prácticamente todos los manuales de mi estantería se han quedado allí mismo. Me parece que poco pueden hacer ya por mí aquellos libros de histología o el atlas de anatomía, el Dubin está más que re-escrito y los de medicina interna, vendidos. Pero yo soy de hojear libros constantemente. Así que los primeros días del mes estuve comentando con mi tutora acerca de qué bibliografía podría utilizar para empezar cuanto antes a coger el ritmo. Ella me recomendó, y con razón, la guía de la semFYC de Medicina Familiar y Comunitaria. Con un vistazo me bastó para convencerme; no he tardado mucho tiempo en hacerme con ella (¡y menos aún en utilizarla!). 

Estoy de acuerdo con mi tutora en que es la mejor guía para el médico de familia. Está bastante bien dirigido en cuanto al reparto de capítulos; los temas son breves y contienen toda la información necesaria para tu consulta y urgencias. La verdad es que en principio los manuales pequeños con algoritmos de uso en servicios de urgencias parecen más prácticos para el día a día. Pero cuando realmente tienes que preparar o quieres revisar un tema en particular, la guía completa es fundamental (y no le faltan algoritmos). Da gusto contar con una buena fuente de información. En la guardia anterior me salvó de un interrogatorio-examen al que fui sometida nada más entrar por la puerta. 

Al mirar en la página de Panamericana he visto que ofertaban unos packs especiales para residentes. ¡Eso ya tiene que ser la repanocha! Ahora con una tablet y una guía de bolsillo podemos ser los amos en Urgencias y tenemos menos dolores de espalda. Aunque hay residentes que siguen cargando en peso hasta tres y cuatro guías de un lado a otro del servicio. Sí, esos libros con los nombres escritos a rotulador por los lados; un clásico de internistas. De los packs hay algunos más completos que otros. Algunos van demasiado sobrados. Creo que para un residente de primer año, manejar más de tres manuales es más que suficiente. Aunque el punto positivo es que todos incluyen vademecum y eso, es cierto, es de uso diario. Que me lo digan a mí, que sigo llevando el mío (del año 2010) en mano. Y en cuanto a precios, no me parecen nada mal. Hay algunos que incluyen, por el precio de un solo manual, varios. Tienen el pack de casi todas las especialidades (para que nadie se queje, jeje). Ojalá pueda estirar el primer sueldo (¡que nos han pasado hoy!) para algún librito más. La docencia es una inversión magnánima pero el resultado... lo merece por completo. Ahora, ¡a estudiar!

28 junio 2015

Fatiga

Si esto ocurría en Tenerife, no había sido capaz de darme cuenta nunca. 
Cuando llegamos los R1 a Las Palmas y tuvimos nuestro curso de Urgencias la primera semana, algunos médicos de los que nos dieron charla quisieron saber si había personas que venían de fuera de Canarias. El motivo era aclarar un concepto, fatiga. Nos alertaron sobre el uso extendido de esta palabra y además, de la dificultad que entraña reconocer su significado. Para que te hagas una idea, la fatiga aquí puede ser cualquier cosa: puede ser que tengas mareos, que te encuentres mal en general, con sueño, que tengas sofocos o hambre, que estés cansado... En definitiva, fatiga es una palabra que nunca puedes usar en una historia clínica porque ve tú a saber después qué tenía el paciente. A mí me gusta usarla cuando me llega alguien con sintomatología mal definida; que gesticula lo que siente, ya sea dolor o malestar, te escenifican los síntomas y te los intentan expresar a su modo. Lo hago porque me gusta quedar bien, cercana, comprensiva. Sé que en cuanto diga entre tú y yo: "Le entiendo, lo que tiene es fatiga". Me dirán: "¡exacto! usted sí que me entiende". Lo que no saben es que sólo lo hago para mostrar empatía, porque clínicamente me sirve lo mismo que una patata, nada. Y entonces, continúo rellenando mi anamnesis. 

¡Feliz domingo!

24 junio 2015

Veo, veo

A este juego podemos jugar todos. 

Hay pacientes que parecen pensar que los médicos tenemos una bola de cristal para saber qué es lo que les pasa sin que ellos apenas digan nada. ¿Cómo no? Señoras y señores, para consultas cabalísticas abrimos a las 12. Vienen y te lo dicen así: "es que me duele la espalda, ¿no lo ves?". Los que empiezan así la entrevista clínica suelen seguir así cuando los exploras "ay, ay, AY, ¿ves? ya es que no puedo ni levantar los brazos... ni caminar". Seguro que si los sientas en la camilla te miran y te preguntan: "¿cómo me ves?". Y lo que te viene a la cabeza es una totalgia (vamos, que le duele por todos lados). Te debates un momento entre hacerle la radiografía de las rodillas, de zona lumbar, hombros... o ninguna. Gente que a los 70 quiere tener la movilidad que ni yo tengo a los 25 años. A ver cómo les explicas que el reloj no se detiene por nadie. 

Pero para visionarios, mis favoritos, los que están por encima del ojo clínico: los que tienen visión de rayos X. Es la típica historia del paciente esperando por fuera del box de trauma en urgencias. Ellos están doloridos en la silla y según una escala de cuantificación del dolor imaginaria, el personal que pasa por allí les dice si están mejor o peor antes de que los vea el médico, incluso antes de ver la radiografía. Hay gente que se cree con el don de saber si hay fractura o no con un simple vistazo desde el otro lado del pasillo. "Uf, usted está fatal... a ver si va a ser una hernia". Que lo haga el adjunto me lo creo a medias, que lo haga el celador, el enfermero, el de seguridad o incluso otro médico que iba de paso, me da prurito y un tic en el ojo derecho. Porque lo que consiguen es que el paciente nos solicite una resonancia magnética y ver al neurocirujano aunque sea de madrugada. "Pero no lo entiendo, ¿por qué no lo puedes llamar para que me vea?". ¿En serio?... En la guardia del fin de semana hubo una señora tan desesperada que demabulaba con su bolso por el pasillo y preguntaba a todo el que pasaba si era de neuro o si alguien había visto por allí al neurocirujano. Lo que hay que ver y sólo acabo de empezar.  

Otra variante son los pacientes que además, son personal del hospital, del propio servicio o de otros centros pero aún así, personal. Son los más repelentes. Es muy simpático porque cuando le preguntas por qué acuden te dicen directamente el diagnóstico y el tratamiento que esperan que le pongas. Al cuerno con el ojo clínico y la visión de rayos X. Al menos me dejan escribirles el informe a mí, aunque a más de uno le gustaría hacerlo por sí mismo. Privilegios de estudiar una carrera de 6 años con un año de examen antes de empezar la especialidad. En la misma guardia que te comenté antes vino una paciente cleptómana que, aburrida de verme escribir, se dedicó a recorrer el box de trauma manoseando todo: gasas, ampollas de tratamiento, el lubricante, el merocel® para taponamientos nasales... Le tuve que decir por favor que dejara las cosas donde estaban. Aún me pregunto para qué querría los depresores linguales que se llevó para su casa pensando que no me había dado cuenta. 

Ya ves... Unos porque no son capaces de ver lo que tienen y otros, ven demasiado.
¿Dónde estará el equilibrio entre tú y yo?

18 junio 2015

Guardiana del norte

Esta semana he tenido la guardia de centro de salud en Sta. María de Guía

Echándole unas cifras para que te hagas una idea: Guía está a sólo 30 min. por la GC-2 (en dirección norte) de mi domicilio en Las Palmas de Gran Canaria, pero como se entra después de la jornada de trabajo, he tenido que cubrir unos 58 kms desde mi centro de salud habitual. Vamos, si lo ves en un mapa sería equivalente a bordear la isla de Gran Canaria de punta a punta. Podría haberla cruzado si no estuviera en medio el Roque Nublo. En el gps dice que se tarda 50 min. pero hay que contar con que la GC-2 tiene tramos de carretera que cruzan pueblos y por los que se debe circular a 50 kms/h. Hay vecinos que cuando abren la puerta de sus casas te pueden saludar con la mano al pasar. La media de edad de los pacientes que atendimos en Guía eran los 25 años, mientras que el cupo de mi tutora rondará los 65 años. El viento en el norte no sopla con tanta fuerza. La diferencia de temperatura en Guía es unos 5ºC menos que en Las Palmas y 8-10ºC menos que en mi centro de salud. Yo llegué con mi bronceado sureño y la gente iba con rebeca por la calle. Aunque a las gentes de Guía el fresco nocturno no les impide ir de visita a Urgencias, aunque estén las luces apagadas y sepan que estamos durmiendo. 
NOTA: amigos que van a hacer guardias de centro de salud próximamente, aunque se cierre la puerta y se apaguen las luces, los dolores torácicos llaman al timbre a eso de las 2 de la mañana. 
Vale, de acuerdo, no pienso quejarme por tener una guardia estupenda. No diré cuantas horas dormí por si las moscas, no quiero que nadie me envidie más aún. Y hablando de dormir, me gustaría contar una cosa muy curiosa entre tú y yo. Los centros de salud no son como el hospital, que tienen cama y comida. Allí tienes que llevártelos. Así que tuve que ir bien preparada con mi cena y mi atrezo (sábanas, almohada y mantita de viaje, cepillo de dientes y pasta, antiojeras y el programa EVA en la tablet). Al principio cuando lo piensas, suena un poco extraño pero cuando ves que el resto de tu equipo de guardia llega igualmente cargado con los sacos de dormir y la tortilla de papas, te acuerdas de que a ti siempre te gustó pasar la noche fuera. 

16 junio 2015

Interruptores

(No me refiero a los de la luz).
Hay personas que tienen la necesidad -casi fisiológica, de interrumpir una consulta en curso. No sé con certeza si es debido a una carencia de atención en su casa o simplemente la falta de respeto hacia los demás. En cualquiera de los casos, no lo entiendo. No sé por qué alguien piensa que tiene permitido irrumpir en la consulta mientras el médico está atendiendo a otro paciente (si no es por una urgencia). Igual el problema está en este último concepto. Tal vez el desconocimiento les hace pensar a los interruptores que están ante una urgencia, cuando en realidad es sólo una gripe. 

Mi pregunta es: si ya te hemos dicho que no es una urgencia, ¿por qué sigues interrumpiendo la consulta?. Puede que el paciente al que no has dejado hablar nos estuviera contando la muerte de un familiar, o le estuviéramos haciendo una exploración ginecológica o estuviera llorando por querer quitarse la vida. No pienses que exagero, estos tipos de consultas son más frecuentes de lo que crees. Sé que es cansino esperar tu turno por fuera de la consulta. Pero piensa que no me estás perjudicando a mí, sino a los otros pacientes. No nos quites los minutos entre ellos y yo
Y, POR FAVOR, si ya te hemos atendido no vuelvas a interrumpir la consulta. 
PD: no interrumpas nunca una consulta a no ser que sea una urgencia.

14 junio 2015

Cuando tu paciente es peluquera



La paciente peluquera no deja de ser peluquera ni por fuera ni dentro de la consulta. Suele ser la paciente que pide cita el viernes a última hora o justo el día que no te has lavado el pelo. O, como en mi caso, las dos cosas. Motivo de consulta aparte, no tardó en derivar la conversación hacia su territorio: el pelo. Tonta de mí (y de mi tutora) por dejarla hablar. Parece que las peluqueras tienen una doble virtud: la de escanear el pelo de la gente con la mirada y automáticamente dar su opinión sobre el mismo sin que se le haya consultado. A mi tutora como ya la conocía de antes, directamente le había traído unos productos para el pelo reseco. Pero conmigo, como era la primera vez que me veía, se entretuvo un buen rato. 

Me preguntó si me duchaba con agua caliente. Le dije que usaba agua tibia. Me contestó, llevándose las manos a la cabeza con gran dramatismo, que no hiciera semejante abominación porque eso hacía multiplicarse las glándulas sudoríparas y que, claro, así entendía que tuviera el pelo tan graso. "Uf, qué va, qué va". Me miraba como si fuera un caso perdido. Me preguntó si usaba crema para el pelo. Yo le dije que sí; por miedo, más que nada, a que me echara la bronca por no usarla, como ya me había pasado antes. Pero mi estrategia tuvo el efecto contrario, me cayó un sermón por usarla. Me preguntó qué champú estaba usando que me dejaba el pelo así. Pues no sé, champús normales, de estos de frutitas que te dejan el pelo oliendo bien. Dijo que no usara nada de eso, que esos no limpian bien el pelo. Le tuve que decir con una vocecilla: "es que ayer no me lavé el pelo, pero de verdad que cuando me lo lavo se me queda limpio". Si no eres peluquera, entre tú y yo, mi pelo el viernes por la tarde también estaba bien. Su intención era venderme un champú mágico que iba a aliviarme de todos mis males grasientos. Hasta me preguntó dónde vivía para llevármelo (¿está loca señora?). Yo le dije que era un poco pasota. Buá. Con eso la asusté ya; me dijo que de cuello para arriba era toda la belleza de una mujer y que no fuera pasota en ese aspecto. No lamenté disentir con esa última afirmación. Creo que las personas bellas lo son por fuera y por dentro (sobre todo por dentro).
Todavía no sé si me estaba llamando fea, pelo-grasiento, dejada o todo a la vez. A punto estuve de levantarme a mirarme en el espejito que tenemos en la consulta
Como ya estaba llegando a mi límite de aguante (ni qué decir de los 6 minutos de consulta por paciente) le mencioné que mi tía era peluquera y que todo lo que ella me estaba diciendo ya me lo había dicho ella (no le dije que de mucha mejor forma). Buá. Con las mismas me soltó que no era lo mismo, que ella tenía un máster en tricoterapia. Y así derramó (no colmó) el vaso. Consiguió que me pusiera en modo "ajam" y con las mismas, liberé a mi mente de escucharla. Le dediqué a la paciente mi mejor sonrisa mientras dejaba que mi cabeza, con el pelo graso y todo, se evadiera de aquella consulta donde había demasiadas opiniones gratuitas. 

¡Feliz domingo a todos los pelos grasos!

09 junio 2015

MI PRIMERA GUARDIA

... ¿hace falta decir más? 
Esta es la entrada que estabas esperando entre tú y yo (y lo sabes). Después de papeles, presentaciones, cursos y más historias, había llegado el momento de enfrentarme a mi primera guardia de Urgencias para la que, además, me habían asignado en triaje ("puerta"). No quiero decir "tampoco fue para tanto" porque la primera vez que tienes a un paciente que es tuyo delante, se te ponen los pelos de punta. Los nervios no te los quita nadie. Pero es parte de la experiencia personal de tu primera guardia y creo que esas sensaciones son lo más bonito de todo esto y lo mejor de nuestra profesión. Te adelanto que ha sido una guardia... ¡fantástica! :)

15.00 hrs Nos dijeron que a esta hora teníamos que estar ya al pie del cañón en puerta y así lo hicimos mi compañero y yo. Nos presentamos al adjunto que estaba en el primer box de triaje y que tenía una hermosa ristra de pacientes por ver. No lo entiendo, nos habían dicho que estas semanas estaban siendo casi una luna de miel y que estaban viniendo pocos pacientes a Urgencias. Por algún motivo parece que esa tarde de lunes había bastante gente. Al ser la primera vez que estaba allí, esperaba ver algunos pacientes con el adjunto, quedarme con la tónica de trabajo y luego continuar yo sola. Pero al entrar en la consulta lo que nos dijo fue: "Hola, ah sí, residentes... bueno las historias se ponen todas aquí, las van cogiendo y se va cada uno a un box. No pidan muchas pruebas de laboratorio salvo las necesarias porque tal como está el patio, van a tardar bastante."
15.05 hrs Salí a la sala, llamé a mi primer paciente y entró a la consulta. ¡Manos a la obra! ¿Tenía miedo? No. ¿Pánico? Totalmente. Pero siempre hay un primero; luego, un segundo, un tercero y cuando pasas del quinto empiezas a sistematizar mejor porque en tu cerebro se va integrando el método a seguir. Si usas la lógica y pides las pruebas de forma razonada, al final el método funciona. 
19.30 hrs Me dio por mirar el reloj para tomarle el pulso a un paciente y vi que habían pasado 4 horas. A estas alturas había perdido completamente la orientación paciente-temporal. Según el adjunto en lo que llevábamos de tarde habían venido unos 120 pacientes. Hubo un instante en que entraba ¡un paciente por minuto! Al parecer conmigo se había terminado la luna de miel y estaban viniendo como locos. Por favor, ¡que alguien cierre la puerta! :P
21.20 hrs A esas alturas de la tarde ya había mirado pupilas hasta hartarme, me había tocado hacer un par de exploraciones neurológicas completísimas, un par de tinciones de fluoresceína a pacientes que venían por problemas en los ojos, hasta un tacto rectal, un puñado de otoscopias, una rinoscopia anterior bien apañada y tantas auscultaciones que estaba por dejarme el fonendo colgando de las orejas. No sé tú pero yo di por aprovechadísima la tarde. Al dar el alta a mi último paciente sucedió algo extraño: fui a buscar una nueva historia clínica para ver a otro paciente y... ¡no había! Le pregunto al adjunto: "¿no hay pacientes?" y me responde: "¿qué quieres?, ¿más?" XD  Me comentó que al parecer en Trauma estaban los compañeros dándolo todo y fuimos al rescate.  
22.00 hrs Mi compañero subió de cenar y fue mi turno, bajé a la cafetería fantasma donde unos pocos tomaban su cena tardía. Puse mi móvil al 3% de batería a cargar y al volver al servicio fue como ir con el piloto automático. No tenía sueño, ni me pesaban los ojos, sólo quería buscar alguna actividad con la que mantenerme activa. 
00.18 hrs Metí unas galletas de chocolate derretidas en el congelador del office. 
00.38 hrs Fui a buscar las galletas al congelador. Estaban aceptables... 
01.15 hrs Empecé a echarles un vistazo a los protocolos de Urgencias... Me miré la saturación de Oxígeno con un pulsioxímetro que había por ahí... Me miré en el espejo del baño y me puse algo más de corrector de ojeras... 
01.30 hrs Llegó un paciente y se fue. Vino otro, dos más le siguieron. Algunos pacientes necesitaban hacerse radiografías, aprendí a mirarlas en el programa informático. Diagnostiqué mi primer cólico renal yo solita (ya sé que no es nada raro pero yo me sentí muy orgullosa de mí misma al saber cómo actuar sin que nadie me lo dijera).
02.15 hrs Partimos la guardia y la mitad de los residentes se fueron a dormir un par de horas y la otra mitad nos quedamos. Tuve que despertar al residente de cirugía. Desde aquí le envío un saludo: sí, te llamé yo, espero que no me odies. Creo que no le dije mi nombre, sólo desde donde lo llamaba y un buen rato después de que atendiera al paciente y todo lo vi indagando por ahí, preguntando a otras residentes si había sido alguna de ellas la que lo había despertado. No me manifesté. 
03.55 hrs No había mucho movimiento, a lo lejos los resis que estaban asignados en otras áreas hablaban sentados en una camilla vacía en el pasillo. Yo me quedé con la silla cómoda que había en Trauma y me puse a hablar con al enfermera S. que estaba allí, y que era más o menos de mi edad: al principio de medicina, de atención primaria, luego del gimnasio, de Santiago de Compostela, de las comidas que engordan... 
04.45 hrs ¡Hora del break! Como éramos 5 residentes, tuvimos que buscar un colchón extra y subirlo a la habitación de descanso. Hicimos una mini acampada. Pensé que me costaría coger el sueño pero según me metí en la cama (sí, una de esas camas de pacientes viejas con sábanas de hospital), mi cerebro se apagó y no recuerdo nada hasta que sonaron los despertadores a las 07.30 hrs. Me desperté como si hubiera echo una maratón. Esta vez no me miré en el espejo del baño sino que me volví a poner la bata y todos los artilugios encima y me comí el pan seco de la cena. 
07.35 hrs Urgencias seguía donde la había dejado, sin gran alboroto ni movimiento. Aún era temprano...
08.30 hrs Sesión clínica
09.30 hrs Desayuno. Ahora sí que la cafetería estaba en plena actividad. Los residentes de especialidades iban a una sesión y yo me tomé un café con un croissant que me supo a gloria. Estaba tan absorta en el café que no me daba cuenta de la gente que pasaba a mi lado. Sólo sé que tenía hambre y que estaba satisfecha con la guardia. Estaba cansada pero aún me quedaban energías para más. Charlando con una compañera de otra especialidad me dijo: "¿tú eras de familia no?". Le dije que sí y me respondió "es que se te nota". Este comentario me hizo mucha gracia y quise saber por qué. Me dijo que era porque siempre estaba feliz y sonriente, que tenía un brillo en los ojos y que se veía que disfrutaba escuchando y ayudando a la gente. Me gustó que aún después de 24 horas de trabajo, fuera capaz de transmitir eso a los demás y con esta maravillosa sensación me fui a casa a descansar.  

Después de la experiencia, aquí les dejo mis CONSEJOS PRACTICOS para enfrentarse a las guardias de puerta en Urgencias: 
  • Asegurarse de tener algo de comida que echarse c/8 hrs. (aunque sea un pan reseco que te sobró del almuerzo). 
  • Llevar un calzado cómodo, fundamental.
  • Tener a mano siempre una botella de agua (y ponerle tu nombre). 
  • Si eres una persona calurosa olvídate de las dobles capas de ropa (p. ej. llevar camiseta debajo de la blusa del pijama) que sólo sirven para hacerte sudar. De las rebecas ni hablemos. Y además, contar con un buen desodorante. 
  • ImprescindiblesTener algo donde anotar, cable o cargador del móvil, linterna (y si tienes luz azul, es un plus), saber dónde están los depresores linguales y conos del otoscopio, Vademecum y sobre todo conocer con qué equipo de enfermería y qué adjunto te ha tocado esa guardia y tenerlos ubicados (a ser posible llevarte bien con todos, no molestar en los momentos de descanso ni hacer las cosas por tu cuenta sin contar con ellos). 

04 junio 2015

Cuestiones básicas


El que dice "barriga llena, corazón contento" está claro que no vive por su cuenta. Los independientes preferimos la nevera llena. 


Esta semana me han caído, casi del cielo, unas fresas deliciosas. Una paciente nos las ha dado de parte de alguien que ya dio en vida cuanto pudo. No soy muy de fresas pero reconozco que el olor de estas, cada vez que abro la nevera, me deja boba. Tampoco soy muy de regalos pero hay que ser agradecido y cuando la vida te pone entre tú y yo algo jugoso, saber decir "gracias" y aceptarlo. Y no hablo sólo de fruta. (Luego no hagas como yo, no compres un bote de nata con demasiadas calorías el día antes de la analítica de empresa). 

¡Feliz juernes!

01 junio 2015

El primer día en el trabajo

Siempre es el que da más miedo. Al principio todo son dudas, pero no de las que agobian sino de las que intrigan. 
Después de conocer mi servicio, a mis jefes y compañeros aún quedaba algo pendiente, conocer a mi tutora. No la conocía en persona y me eché un fin de semana completo intentando ponerle cara y preguntándome qué clase de persona sería, qué tipo de vida tendría, sería una persona feliz (no podría aguantar cuatro años de pesimismo) y sobre todo, nos caeríamos bien. Me habían dicho -no sin razón, que era fundamental para la residencia tener una buena relación con tu tutor, especialmente en Atención Primaria. 

Mi centro de salud, Gran Canaria
También divagué un poco tratando de visualizar qué clase de pacientes tendría en mi centro de salud, si serían jóvenes o mayores, si tendría que repasar primero los antibióticos o la exploración neurológica. En esto se me fue la mayor parte del fin de semana y para cuando fue lunes, todo había quedado en nada y la realidad me estaba esperando aquí:

Sí, ya puedes morirte de envidia (yo lo haría). Es un sitio residencial cálido, soleado y tranquilo. Hace un viento que lo flipas en la autopista, esa zona de la isla es famosa por esto mismo. Pero aquí, entre calle y calle apenas se nota. El centro es bonito por fuera y por dentro y no hablo sólo de la infraestructura. 

Desde que llegamos, mi compañera y yo, fuimos acogidas con gran alegría como parte del equipo, así que estoy contenta. Sudamos un poco cuando nos enseñaron el cuarto de paro lo primero de todo pero quedamos más tranquilas cuando nos dijeron que sólo se usaba un par de veces al año por auténticas emergencias. En cuanto a mi tutora D., me demostró que las dudas eran infundadas desde el primer vistazo. Cuando nos presentaron ella esperaba sonriente para recibirme con los brazos abiertos y así de rápido supe que nos iba a ir muy bien entre D. y yo. Conectar -lo llaman. 

Ya hace una semana de esto y aunque estos días estoy alejada del centro porque nos tienen entretenidos en el hospital con un curso de Urgencias, no veo la hora de volver a mi consulta, a ver a mis pacientes y sentarme de una vez a estudiar la exploración neurológica (paso de los antibióticos, jajaja). 

¡Feliz semana amigos! :)

01 junio 2014

¡Hasta pronto!

Con el tiempo, me resulta cada vez más complicado despegarme del blog. En momentos en que he estado sin escribir entre tú y yo se me han ocurrido mil historias que luego, quedaron en nada. No quiero que, mientras preparo el MIR, me pase eso. No te asustes, esto no es una despedida. Al contrario, quiero presentarte mi nueva casa. Por supuesto, de alquiler. Está en Madrid, en un barrio tranquilo, muy cerca de la sede de mi academia. 
Aquí puedes seguir encontrándome. Para leerme o contarme lo que quieras. Nada va a cambiar, salvo mi nueva ubicación. ¿Qué esperar? Mis peripecias con el MIR y mi aventura en la ciudad. Espero que disfrutes con este pedacito de mí que dejo bajo estas palabras, en este sitio maravilloso que tanto trabajo y tiempo me ha llevado construir. Volveré. Ojalá te entre el gusanillo y quieras más. Tendrás que venir hasta mi nueva casa "Aquí, en Madrid". 
¡Hablamos pronto amigos!